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Conhecimento

Noções Filosóficas — CONHECIMENTO


VIDE: gnosis, gnostike, chit; conceito; conhece-te a ti mesmo; conhecimento de deus; conhecimento do coração; conhecimento do mundo; contuição; gnose conhecimento perfeito; imaginação; imaginal; imaginatio activa; mediação; intelecto; intelecto passivo; intelecto agente; intelecto incriado e criado; intelecto e razão; jnâna; intuição intelectual; objeto do conhecimento; razão; sabedoria; saber e não-saber; synderesis; ver; visível-invisível; Visio; mentalidade ontológica; árvore do conhecimento


Alguns pensadores reconhecem um sentido superior ao conhecimento, como algo além do "saber", algo que guarda uma intimidade com o "conhecido" e não apenas informação sobre este (a não ser que se entenda "informação" como aquilo que "forma por dentro"). Alguns pensadores usam inclusive a noção bíblica no Gênesis, onde se fala que "Adão conheceu Eva", no sentido de ter se unido intimamente a ela; outros levantam uma possível interpretação, por conta da língua francesa, onde "con-naître" significaria originalmente "nascer com". Deste modo o conhecimento se apresenta como algo que pode levar o homem a um estado, que o simples saber não alcançaria, por estar intimamente ligado ao compreender, e este à união de ser e saber. Algumas correntes como o Gnosticismo chegam a colocar o conhecimento (gnosis) como fundamento escatológico em sua doutrina.

Gregório do Sinai: 137 sentenças diversas

3. Considera que o conhecimento da verdade é antes de tudo a sensação da Gratia. Todos os outros conhecimentos, devem ser chamados expressões de ideias e demonstrações das coisas.

Deus fala a Adão diretamente a respeito das árvores que o cercam e constituem a única vegetação mencionada no Éden, convidando-o a delas dispor e delas desfrutar à vontade. A árvore dita da Onisciência não faz parte destas árvores anônimas, é manifestamente um caso aparte cujo caráter simbólico é ainda sublinhado pela advertência de Deus a Adão imortal que ele certamente morrerá (quer dizer se tornará mortal) se aí "toca". Contraste total com as árvores a consumir. É que o conhecimento — e aqui o mais alto: a onisciência, o conhecimento da totalidade — não se consume. Ele se cultiva.

A princípio é para o cultivar e o guardar, dito explicitamente no texto (Gn 2,15) que Deus pôs Adão no jardim. Não para cultivar e guardar o jardim, segundo a tradição de nossas bíblias.

Trata-se bem entendido do conhecimento perfeito, simbolizado pela árvore portando este nome, logo do conhecimento da Verdade, e não o conhecimento da evidência para a qual a consumação bastaria.

O conhecimento da verdade, ao contrário, se cultiva no secreto. Diria no jardim secreto de cada um, de cada "ser humano". Ou talvez do "ser do Homem" se se traduz assim "heyot haadam". Tateando-se. O Adão original dispõe do Conhecimento perfeito, sob forma da árvore do mesmo nome, que pode contemplar à vontade para dele se impregnar. Ainda é preciso que o faça sem se deixar distrair pelas árvores "a consumir", que ele integra este dom de Deus que está livre de rejeitar, que ele o cultiva e o guarda. Livremente. Não por obrigação moral, ou outra. "Não é preciso que ele obedeça" (v. adama).

Que doravante este Conhecimento, conscientemente entretido, seja então aquele do Outro, do outro si mesmo no seio do Homem Um e múltiplo, que não difira da alteridade em geral (mundo exterior, animais) e em particular vis a vis de seus semelhantes, o episódio seguinte, dito da "Costela de Adão", o confirmará. O Conhecimento começa pela simpatia e acaba pelo Amor. Nada tem de abstrato no início. É quando se destacará da árvore (Eva Serpente Maçã), desenraizado do Éden, que se tornará intelectual e estéril. [Paul Nothomb: «Ça ou l'histoire de la pomme racontée aux adultes»]


Assim como nas funções da nutrição reconhecemos que há órgãos para receber os alimentos, para contê-los, elaborá-los e para distribui-los e aplicá-los, também na alma, tanto do homem como dos animais, há uma faculdade para receber as impressões dos sentidos, a qual se chama imaginativa; outra para retê-las, ou seja a memória; outra que as aperfeiçoa, a fantasia, e, finalmente, a que as classifica segundo seu assentimento ou dissenção, que é a estimativa. Com efeito, as coisas espirituais são imagens de Deus, ao passo que as corporais são de certo como simulacros daquelas; por isso não deve surpreender que se infiram as coisas espirituais das corporais, como também há representações dos corpos em sombras ou pinturas. [Juan Luis Vives: De anima et vita, I, 10]

Entre los autores sufíes, algunos como Muhyi-din Ibn Arabi, Ahmad ibn al-‘Arif, Suhrawardi de Alepo, Al-yunayd y Abu-l-Hasan al-Shsadili manifiestan una actitud fundamentalmente intelectual; consideran la Realidad divina como la esencia universal de todo conocimiento. Otros, como ‘Umar ibn al-Farid, Mansur al-Hallaj y Yalal al-Din Rumi, se expresan con el lenguaje del amor; para ellos la realidad divina es ante todo el objeto ilimitado del deseo. Pero esta diversidad de actitudes no tiene nada que ver con las divergencias entre las escuelas como algunos han creído. Según éstos, los sufíes que utilizan un lenguaje intelectual habrían sufrido la influencia de doctrinas ajenas al Islam, como el neo-platonismo, y únicamente los representantes de una actitud emotiva serían los portavoces de la mística verdadera, derivada de la perspectiva monoteísta. En realidad, la diversidad de la que se trata está en relación con la diferencia de vocaciones, que se injertan de modo muy natural en los diferentes caracteres humanos y encuentran su lugar dentro del marco del taawwuf verdadero; la diferencia entre la actitud intelectual y la actitud afectiva no es sino la más importante y general que se puede observar en este terreno. [Titus Burckhardt: Burckhardt Sufismo]

¿Cuál es el límite máximo del conocimiento? Es la fase representada por la idea de que nada ha existido jamás desde el principio. Este es el límite más remoto [que puede alcanzar el Conocimiento], y nada más se puede añadir a ello. (Zhuangzi)


Como ya hemos visto en el capítulo anterior, ésta es la fase final, la que alcanza el hombre tras «sentarse en el olvido». En ella, el hombre está tan completamente unificado con la Vía y tan perfectamente identificado con la Realidad que éstas ni siquiera son percibidas como tales. Se trata de la fase del Vacío y la Nada en el sentido explicado anteriormente.

Guo Xiang explica: «En esta fase, el hombre ha olvidado por completo el Cielo y la Tierra, ha sacado todas las cosas existentes de su mente. Fuera, no percibe la existencia del universo. Dentro, ha perdido la consciencia de su propia existencia. Ilimitadamente “vacío”, nada lo obstruye. Va cambiando como van cambiando las cosas, y no hay nada a lo que no corresponda».

En la siguiente fase, hay consciencia de que las «cosas» existen. Pero [en esta consciencia] los «límites» entre éstas nunca han existido.


En esta segunda fase, el hombre toma consciencia de la Vía que contiene todas las cosas en estado de pura potencialidad. La Vía va a diversificarse, en la siguiente fase, en «diez mil cosas». Pero de momento no hay límites entre éstas. Las «cosas» permanecen indivisas como Conjunto compuesto de un número ilimitado de elementos potencialmente heterogeneos. Sigue siendo un plano uniforme, un Caos en que las cosas no han recibido todavía las distinciones «esenciales».

En la siguiente [o sea tercera] fase, se perciben los «límites» [entre las cosas]. Pero sigue sin haber distinción alguna entre lo «correcto» y lo «incorrecto».


Aquí, el Caos empieza a revelar las formas definidas de las cosas que contiene. Todas las cosas muestran sus propias demarcaciones, y cada cosa marca claramente su propio «límite», el que la distingue de las demás. Es la fase de las «esencias» puras. La Unidad original se divide y se diversifica en Multiplicidad, y lo Absoluto se manifiesta como un sinfín de existentes «relativos». En consecuencia, la Realidad, que hasta entonces se encontraba fuera del alcance de la cognición humana, se vuelve, por primera vez, asequible.

Sin embargo, incluso en esta fase, no se distingue todavía entre lo «correcto» y lo «erróneo», lo que indica que nos encontramos todavía en contacto con la Vía en su integridad original, si bien dicho contacto es ya indirecto, puesto que se produce a través del velo de las «esencias». Recordaremos el mito del Emperador Caos (Hun Dun), mencionado en el capítulo II de esta segunda parte, que murió tan pronto como sus amigos practicaron orificios en su rostro «amorfo». Como demuestra el presente pasaje, en este mito se produce una simplificación excesiva, ya que Caos no «muere» simplemente por los «orificios» (o sea las distinciones esenciales) que le hacen. La verdadera muerte de Caos sobreviene en la siguiente fase.

Tan pronto como lo «correcto» y lo «erróneo» hacen su aparición, la Vía queda dañada. Tan pronto como la Vía queda dañada, nace el Amor.


Con la aparición de lo «correcto» y lo «erróneo», Caos pierde su vitalidad natural y queda fosilizado como las «formas esenciales», que son rigidas e inflexibles como cadáveres. Como dice Wang Xianqian, «Cuando lo “correcto” y lo “erróneo” se tornan reconocibles, la integridad “caótica” de la Vía se ve inmediatamente perjudicada».

Tan pronto como esto se produce, nace el Amor. El nacimiento del Amor simboliza la actividad de emociones humanas como el amor y el odio, el agrado y el rechazo. Esta es la fase última e inferior del Conocimiento.

Como es natural, hay otro aspecto de la cuestión. Se dice que la Vía muere con la aparición de las emociones humanas como el amor y el odio. Pero eso sólo se produce cuando se considera la situación en relación con la integridad «caótica» original, o sea la «indiferenciación» primigenia de lo Absoluto. Por lo demás, cada cosa es una manifestación particular de la Vía y, como tal, incluso una «esencia» fosilizada es una «autodeterminación» de lo Absoluto. Sin embargo, este aspecto de la cuestión es irrelevante en el tema que nos ocupa. [Toshihiko IzutsuSufismo e Taoismo]



PÁGINAS:
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Jean Borella: La charité profanée — Borella Conhecer


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