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Visível-Invisível

MUNDOHUMANO — VISÍVEL-INVISÍVEL


VIDE: Interior-Exterior


A doutrina das duas faces do real: uma face visível e formal (al-hiss), que captam os cinco sentidos e as faculdades externas (jawârih, zawâhir), e uma face invisível, informal (al-mana), acessível somente às consciências e aos corações (damâ’ir, bawâtin) purificados dos apegos mundanos, é a chave do sufismo, sua razão de ser. Ela decorre do processo mesmo da manifestação divina, concebido como uma epifania (tajalli) da Luz divina que brota do grau da ocultação total (âlam al-ghayb) para se irradiar até o mundo da visão testemunhal (alam al-shahada). A força existenciadora que faz passar as coisas do não-ser (al-adam) ao ser (al-wujud) se chama Poder (al-Qudra). No universo criado, ela permanece uma qualidade transcendente que não se manifesta diretamente senão em casos excepcionais, como os milagres dos profetas (mu’jizat) ou os carismas dos santos (karamai). O que aparece dela, é seu véu (sitr) de imanência: a Sabedoria (al-Hikma), constituída pelo conjunto das leis (akham), das causas ocasionais e eficientes (asbab) que regem o mundo contingente e o devir dos seres que ele contém. [Jean-Louis Michon: Le Soufi Marocain Ahmad Ibn Ajiba]


Todos os sistemas filosóficos e religiosos reconhecem que há duas realidades: uma vista e outra oculta. Muitas expressões diferentes foram empregadas para distinguir estes dois mundos. Por exemplo, na filosofia moderna Kant usou termo como fenômeno e númeno. O mundo fenomênico é o mundo que percebemos com os sentidos, o mundo que está de acordo com as leis da realidade tridimensional e do tempo. Sua antítese, o mundo numenal, é aquele cujas realidades são percebidas pela intuição intelectual somente. O mundo numenal não é perceptível aos sentidos e não tem nenhum dos atributos dos fenômenos.

Na literatura mística cristã uma ideia similar é expressa pela imagística do “interior” e “exterior” e a passagem de uma para a outra é significada por uma abertura tal como uma porta ou janela.

O homem passa, ou deveria ser capaz de passar, entre os mundos exterior e interior; embora frequentemente ele somente viva no mundo exterior e, crendo somente em aparências, rejeite ou negue a significância do mundo interior. Daí a necessidade de intervenção de outro nível. Cristo diz: “Eu sou a porta, por mim se qualquer homem entra, será salvo, e deve entrar e sair” (Jo X,9; Pastor e Ovelhas), e nos Salmos se lê “O Senhor deve preservar sua saída e sua entrada”. Estes e muitos ditos similares referem-se a ideia de acesso à mais alta vida dentro de cada um.

Na arquitetura representada no fundo de diferentes ícones (v. Iconografia) é este tema relevante simbolizado. A arquitetura nestes ícones tem a função de nos dizer que os eventos retratados estão tendo lugar dentro de uma espaço fechado (vide ícones abaixo: Anunciação; Apresentação da Virgem no Templo; Cristo ensinando os Doutores). Assim qualquer construção representa o fechamento do mundo exterior, ou mundo dos fenômenos, e a abertura para aquilo que está oculto em nós. O mundo psíquico ou interior é o único lugar real em nós onde eventos espirituais, não dependentes das leis do tempo e do espaço tridimensional, podem ter lugar. Assim é porque a injunção mística para "recolher-se em sua câmara interior" ou referências à "câmara interior da alma" são significantes para o homem que deseja cruzar o limiar para oração real e para o nível espiritual mais alto. É neste sentido que os Monges Calisto e Inácio em "Direções aos Hesicastas" (século XIV) falam da ajuda de Cristo em construir "a casa de arquitetura espiritual".

Os místicos ensinam que um homem deve se tornar capaz de ajustar seu estado interior de acordo com as reais necessidades do momento. Como um ser humano ele deve se esforçar para satisfazer suas necessidades corporais e mentais e aquelas do mundo ao seu redor. Como um ser espiritual, deve satisfazer suas necessidades espirituais e aquelas dos seres a seu redor. Nos Evangelhos este duplo caminho de vida é descrito como "dar a Deus o que é de Deus e a César o que é de César". Nos Salmos, como notamos, é chamado "sair e entrar".

Used in Visível-Invisível

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[Richard Temple]


Todos podemos ver directamente el cuerpo de otra persona. Podemos ver el movimiento de sus labios, sus ojos que se abren y se cierran, las líneas de su boca y los cambios que ocurren en su rostro; su cuerpo expresándose como un todo en la acción. La persona en sí es invisible.

Podemos ver su exterioridad mucho más comprensivamente de lo que puede verse ella misma. Ella no se ve en la acción. Y si se observa ante un espejo cambiará psicológicamente, se inventará a sí misma. Para nosotros es muy precisa y visible, muy definida y muy clara a la vista y al tacto, aun cuando para sí misma no lo sea. Y nosotros igualmente somos algo preciso y claro para ella; parecemos tener una existencia real y sólida, aun cuando a nosotros no nos parece que tengamos semejante existencia real y sólida.

Los unos parecemos más precisos a los otros de lo que podemos ver de nosotros mismos, debido a que vemos claramente el aspecto visible de las gentes, así como ellas ven el nuestro. Si pudiésemos discernir el aspecto invisible de los demás con la misma facilidad con que discernimos el visible, viviríamos en una nueva humanidad. Tal cual somos, vivimos en una humanidad visible, en una humanidad de apariencias. En consecuencia, es inevitable que exista un extraordinario número de mal entendidos.

Consideremos los medios de comunicación que tenemos. Están limitados a los músculos, principalmente a los más pequeños. Hacemos señales por medio de los músculos, ya sea hablando o gesticulando. A fin de que pueda llegarle a otra persona, todo pensamiento, todo sentimiento, toda emoción ha de transmitirse por medio de movimientos musculares; así se hacen visibles, audibles o tangibles. Nuestras comunicaciones son malas, en parte porque nunca advertimos cómo lo hacemos, y, en parte, porque es sumamente difícil comunicar cosa alguna, salvo las observaciones más simples, sin correr el riesgo de que las señales sean mal interpretadas. También ocurre muy a menudo que no sabemos a ciencia cierta que es lo que estamos tratando de comunicar. Finalmente, todo cuanto en verdad es importante no puede expresarse.

Tan inagotable caudal de malentendidos y de infelicidad existen debido a que nuestra manera de comunicamos es tan mala, y a que los demás comprenden nuestras señales a su modo, agregándoles sus propios pensamientos y sentimientos. Pero esto es ver el asunto desde un solo punto de vista, pues si pudiésemos mostrar más fácilmente a los otros nuestro aspecto invisible, surgirían nuevas dificultades.

Ahora bien; todos nuestros pensamientos, todas nuestras emociones, sentimientos; toda nuestra imaginación; todos nuestros ensueños, ambiciones, fantasías; todos son invisibles. Todo cuanto pertenece a nuestros proyectos, planes secretos, ambiciones, todas nuestras esperanzas, temores, dudas, perplejidades; todos nuestros afectos, especulaciones, ponderaciones, vaciedades, incertidumbres; todos nuestros deseos, aspiraciones, apetitos, sensaciones; todos nuestros gustos, disgustos, aversiones, atracciones, amores y odios; todo ello es invisible. Todo ello es lo que constituye la suma de uno mismo.

Pueden o no delatar su existencia. Por lo general le delatan mucho más de lo que suponemos. Todos somos más o menos obvios para los demás, más de lo que creemos. Pero todos estos estados internos, todas estas modalidades, pensamientos, etc., son invisibles en si, y todo cuanto de ellos podamos advertir los unos en los otros lo advertimos mediante la expresión del movimiento muscular.

Nadie puede ver el pensamiento. Nadie sabe lo que nosotros estamos pensando. Creemos conocer a otras personas, y toda la fantasía que tenemos los unos acerca de los otros forma un mundo de gente ficticia, gente que ama y que odia.

Me es imposible decir que conozco a alguien, y es igualmente imposible decir que haya alguien que me conozca a mí. Puedo ver fácilmente todos vuestros movimientos corporales y vuestra apariencia externa, tengo cien impresiones que no existen en vuestras mentes; os he visto como parte del panorama, parte de la casa, parte de la calle, y tengo un conocimiento de vosotros que quisierais conocer; quisierais saber la impresión que producís, cómo os veis. Pero no puedo veros por dentro y no se lo que sois; no lo podré saber nunca. Y aun cuando yo tengo este acceso directo a vuestro aspecto visible, vosotros tenéis acceso a vuestra propia invisibilidad. Este acceso directo a vuestra propia invisibilidad lo podéis tener únicamente vosotros, si es que aprendéis a usarlo. Yo y cualquiera otra persona pueden veros y oíros. Todo el mundo puede veros y oíros. Pero solamente vosotros podéis conoceros a vosotros mismos. [Maurice Nicoll: Nicoll Tempo Vivo]