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Metamorfose

TRANSFORMAÇÃO — METAMORFOSE


VIDE: allasso, Mistério Transformação

Esto quiere decir precisamente que la sombra está en ti: separarte de la sombra es operar tu propia metamorfosis y por esta metamorfosis hacer posible la conjunción de los dos resplandores que suben y bajan cada uno al encuentro del otro. «La existencia natural está compuesta de cuatro elementos constitutivos, superpuestos unos a otros y que son todos tinieblas: la Tierra, el Agua, el Fuego y el Aire, y tú te has enterrado bajo todos ellos. Sólo conseguirás separarte de ellos actuando de tal modo que cada uno de los que tienen derecho sobre ti se una con aquello a lo que él tiene derecho, es decir, haciendo que cada parte se una con su parte complementaria: la Tierra recibirá la parte térrea, el Agua la parte acuosa, el Aire la parte etérea, el Fuego la parte ígnea. Cuando cada uno haya recibido su parte, quedarás liberado por fin de esas cargas. Los tres adversarios [la naturaleza, el alma inferior y el demonio] perturban el conocimiento innato de lo divino; forman un obstáculo entre el corazón y el Trono divino; impiden la conjunción de los dos rayos de luz. Por su causa, el hombre se encuentra en un estado de ceguera espiritual total» (§ 11).

Todo el problema de la metamorfosis es pues éste: o bien el alma consigue liberarse y el hombre de luz realiza su reunión con su guía de luz, su «testigo en el cielo» (shâhid fi’l-samâ), o bien el alma sucumbe a su tiniebla y queda emparejada con su Iblîs, su sombra demoníaca. «Convertir al propio Iblîs al Islam», según expresión de Abû’l-Ma’âri y de ‘Attâr, es someter al alma inferior. No le es posible al individuo destruir a Iblîs en el mundo, pero puede separar su alma de él mediante la abolición de la sombra en su alma, pues Iblîs no puede aferrarse a ella más que en la sombra. Todo depende pues del esfuerzo que se oponga a la figura central de los tres adversarios: el alma, flanqueada por su Iblîs y su existencia natural. Las etapas de la metamorfosis tomarán como punto de referencia las tres cualificaciones que el Qorân confiere al alma; al aparecer la tercera, se podrá considerar que existe en acto el corazón (qalb), que es el centro sutil de luz, el Trono en el microcosmo, y por eso mismo el órgano y el lugar de la conjunción con la luz del Trono.

Y para cada uno de los momentos de esta trilogía, para cada una de las fases de la metamorfosis, existen signos que pueden ser reconocidos por la apercepción visionaria y gracias a los cuales el espiritual mantiene un perfecto control de sí mismo. «Sabe que el alma inferior presenta un signo que permite que la apercepción visionaria la reconozca: es un gran círculo que se levanta ante ti, todo negro, como si fuera alquitrán. Luego desaparece. Más tarde, se levanta ante ti tomando el aspecto de una nube negra. Pero poco a poco, cuando se levanta, aparece en sus bordes algo que recuerda al creciente de la nueva luna, cuando un extremo aparece a través de las nubes. Poco a poco, se convierte en un cuarto creciente.

Cuando el alma ha tomado conciencia de sí hasta el punto de censurarse sí misma, se levanta del lado de la mejilla derecha bajo el aspecto de un sol rojizo cuyo calor se siente incluso en la mejilla. Ora es visualizado en la oreja, ora frente a la frente, ora por encima de la cabeza. Y esta alma censora es la inteligencia (‘aql, de la que hablan los filósofos)» (§ 55). «En cuanto al alma pacificada, presenta igualmente un signo que permite que la apercepción visionaria la identifique: ora se levanta ante ti formando algo así como el orbe de una gran fuente de la que se derraman luces, ora la visualizas en lo suprasensible como lo que corresponde al circulo de tu rostro, un orbe de luz, disco límpido, semejante a un espejo perfectamente pulimentado. Ocurre que este círculo parece subir hacia tu rostro y que éste desaparece en él. Tu rostro es entonces el alma pacificada8069. Por el contrario, a veces visualizas el círculo a distancia, como alejado de ti en lo suprasensible. Hay entonces entre ti y el círculo del alma pacificada un millar de etapas; si te acercaras a una de ellas, serías abrasado» (§ 56).

El final puede entreverse ya. El trayecto será largo y peligroso; describirlo es difícil, es decir, es trabajoso encadenar las descripciones en una secuencia lógica y racional, en la que los momentos no se suceden ordenadamente unos a otros. Lo que nos ofrece el Diarium de Najm Kobrâ es más bien la posibilidad de estudiar alternativamente sus fases, considerándolas sucesivamente desde varios puntos de vista, entre los que tendrá preeminencia aquel que describa la fuerza que en cada momento impulse al peregrino místico en su trayecto. Percibir en el peregrino los efectos de esta energía espiritual será tanto como establecer, desde otro punto de vista, las etapas de la ascensión con la que es concomitante el crecimiento de sus «órganos de luz», crecimiento que multiplica eo ipso sus posibilidades de apercepción visionaria, hasta la visión que le anuncia la integración de su biunidad. (Corbin Homem Luz)


A transformação é só uma e para todos, mas sua descrição pode ser diferente, pois “o transformado” entra no mistério por esse mesmo ato no qual a linguagem perde o nome das coisas. O mistério se revela então para quem o desvendou, mas ao não ser possível transferir sua revelação segue sendo mistério para o que nele não entraram.

A descrição dada pelos evangelhos canônicos “dramatiza” a hora suprema da transformação e a explica como morte que leva à vida, segundo o modelo que só o grão que cai na terra e morre dá fruto.

Mas de que morte falam os evangelhos? Porque é certo que como paradigma e primícia de todas as mortes morreu Jesus Cristo na cruz, mas quando ele fala da cruz que há de tomar sobre seus ombros todo o que queira segui-lo, não se refere ao madeiro com cravos, pois em tal caso ninguém poderia ser salvo no seio de uma civilização que aboliu por inteiro tal suplício.

Jesus fala em metáfora da cruz, e se refere sem dúvida a uma cruz de ordem psíquica com a que há que carregar até que fique “dissolvida”. Só quando esta cruz cai pulverizada em gotas de dor e lágrimas sobre a terra e morre o grão, dá seu fruto de transformação em espírito.

O que morre na transformação são os componentes mundanos, transitórios, da alma, e o que ressurge depois desta morte é a Vida eterna que na alma habita desde o princípio como semente desconhecida, “não recebida”, pela consciência, como espírito, e essa é a transformação.

A constância desse mistério é mantida naqueles ditos de Jesus que falam em forma mítica da transformação da alma. Os sinópticos “dramatizam” ao máximo o mistério, quando dizem: “Quem perder sua alma (vida = psyche) por mim, a encontrará. Por outro lado, o autor do quarto evangelho encontra uma fórmula de descrição depura o dramatismo e pela qual “perder” (morrer), se permuta por “odiar” (rechaçar), como procedimento evangélico para acabar com os conteúdos mundanos da alma que obstruem a transformação: “O que odeia sua alma neste mundo, a guardará para uma vida eterna” (Jo 12,25).

De certo, o leito de Salomé, ao qual segundo o Evangelho dos Egípcios, e também segundo o Evangelho de Tomé, subiu Cristo para “comer de seu prato”, e esse outro leito onde, segundo Lucas: “Há dois que repousarão: um morrerá (a alma)) e outro viverá (o espírito)” (Lc 17,34), quando se produza a Vinda do Filho do Homem, são um e o mesmo leito na unidade da consciência do homem constituída em matriz de transformação.

Se em uns casos a transformação que a todos nós diz respeito é explicada como morte da alma e em outros como purificação perfeita, só se deve a diferenças de descrição do mesmo mistério. Há que entender que quem poderia descrever o mistério com exatidão, perdeu sua linguagem válida para nós, e quem tenta a descrição, ou a faz por voz alheia, transmitida, ou “retornou” do mistério para ter linguagem e algo deixou necessariamente, esquecido neste retorno.

De qualquer forma há que se perguntar: quando a larva cumpre suas mudas e consegue a crisálida de mariposa em sua metamorfose completa, onde fica o verme? quem se atreveria a diagnosticar se a larva originária morreu na ninfa, ou que se consolidou com as asas de sua transformação ? [Roberto Pla: Evangelho de Tomé - Logion 114]




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