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Predisposição

ORDEM — PREDISPOSIÇÃO


PERENIALISTAS
Titus Burckhardt: Excertos de INTRODUÇÃO ÀS DOUTRINAS ESOTÉRICAS DO ISLÃ

Así es como la polaridad espiritual de la «irradiación» y la «predisposición» (vide) se reduce, en el fondo, a la polaridad puramente metafísica del Ser (al-Wuyûd) y de las «esencias inmutables» (al-a’yân al-tâbita) incluidas en el «abismo» no-manifestado de la Esencia. El Ser se «desborda» (afâda) en las esencias inmutables en cuanto éstas establecen implícitamente las distinciones o limitaciones constitutivas del mundo; pero estas distinciones no son nada por sí mismas, nada añaden a la luz del Ser, al igual que las esencias inmutables no son nada que se distinga realmente de la Esencia una (al-Dât). Además, es refractando al Ser como las posibilidades relativas, contenidas en los arquetipos, se realizan según sus diversos modos y es en relación con estas mismas posibilidades relativas como el Ser divino Se polariza a Su vez en múltiples aspectos personales. Es obvio que esta visión global de las cosas nada tiene que ver con una explicación psicológica, ni siquiera con una explicación alquímica o mística; no tiene más sentido que el de una clave intelectual que ayude a superar la antítesis del sujeto y el objeto.

Vista desde esta perspectiva, la «predisposición del corazón», su aptitud para recibir tal revelación divina, no se reduce, por lo tanto, a la psicología, pero no deja de tener un cierto aspecto psicológico, que será como la sombra de lo que es en esencia. Se pueden captar algunas modalidades de la predisposición en una visión retrospectiva, se pueden vislumbrar a través de los símbolos, pero sólo son apreciaciones imperfectas1 . En su totalidad siempre escapará al dominio de la consciencia. No se puede conocer la «predisposición» directamente más que por su integración intelectual en el arquetipo2 , integración que está fuera de todo orden creado: «... Pues evidentemente está más allá de las facultades de la criatura como tal... conocer con el Conocimiento divino, que abarca los arquetipos (al-a’yân-al-tâbita) en su estado de no-manifestación, al no ser estos arquetipos sino puras relaciones (en el interior) de la Esencia y sin formas...3


NOTAS:
1 Estas «apreciaciones» no dejan de tener relación con lo que el Budismo describe como el recuerdo de las existencias que preceden a la vida terrestre del individuo.
2 A nivel de los principios, la potencialidad se reduce a la posibilidad, que es permanente — no potencial — en el Intelecto divino.
3 El conocimiento directo de la predisposición fundamental del ser, sólo es posible mediante una participación de éste en el Conocimiento divino), participación que representa una ayuda divina predestinada para este ser... en virtud de cierto contenido de su propia esencia inmutable... » (ibid., capítulo sobre Set)