VIDE: Evelyn Underhill; Misticismo Cristão
Por lo demás, esta incompatibilidad no resulta de lo que implica originalmente la palabra «misticismo» misma, que está incluso manifiestamente emparentada a la antigua designación de los «misterios», es decir, a algo que pertenece al contrario al orden iniciático; pero esta palabra es de aquellas para las cuales, lejos de poder referirse únicamente a su etimología, uno está rigurosamente obligado, si se quiere hacer comprender, a tener en cuenta el sentido que le ha sido impuesto por el uso, y que es, de hecho, el único que se le atribuye actualmente. Ahora bien, todo el mundo sabe lo que se entiende por «misticismo», desde hace ya muchos siglos, de suerte que ya no es posible emplear este término para designar otra cosa; y es eso lo que, decimos, no tiene y no puede tener nada en común con la iniciación, primero porque ese misticismo depende exclusivamente del dominio religioso, es decir, exotérico, y después porque la vía mística difiere de la vía iniciática por todos sus caracteres esenciales, y porque esta diferencia es tal que resulta entre ellas una verdadera incompatibilidad. Por lo demás, precisamos que se trata de una incompatibilidad de hecho más bien que de principio, en el sentido de que, para nós, no se trata de ningún modo de negar el valor al menos relativo del misticismo, ni contestarle el lugar que puede pertenecerle legítimamente en algunas formas tradicionales; así pues, la vía iniciática y la vía mística pueden coexistir perfectamente1 , pero lo que queremos decir, es que es imposible que alguien siga a la vez la una y la otra, y eso incluso sin prejuzgar nada de la meta a la cual pueden conducir, aunque, por lo demás, ya se pueda presentir, en razón de la diferencia profunda de los dominios a los que cada una se refiere, que esa meta no podría ser la misma en realidad. [René Guénon: Guenon Apreciações Iniciação]
NOTAS:
El texto de Proclo nos ha llevado a conjugar los términos de tropos y simpatía. Estos mismos términos han sido puestos de relieve, no hace mucho tiempo, en un original trabajo de investigación llevado a cabo en otro contexto religioso, con el propósito de establecer en términos nuevos una fenomenología de la religión profética.2 No es posible exponer aquí esa meritoria investigación; tan sólo señalaré que se caracteriza por desarrollar una fenomenología de la simpatía para el análisis de la religión profética, y que termina formulando en términos antitéticos las categorías de religión profética y religión mística. En contraste con el Dios del deísmo, anémico y empalidecido, o con el Dios de la ética, guardián de la ley moral, plantea dicho trabajo con penetrante vigor, la idea de un Dios patético, es decir, de un Dios sufriente y apasionado, idea que siempre ha sido motivo de escándalo y temor para las teologías y filosofías racionales, tanto en el seno del Cristianismo como en el Islam o el Judaísmo. La idea de un Dios al que los acontecimientos humanos y los sentimientos del hombre alcanzan y afectan y que reacciona a ellos de forma siempre muy personal, es decir, la idea de que existe un pathos divino en todos los sentidos de la palabra (afecto, emoción, pasión) llevaba al investigador a considerar ese pathos como una categoría sui generis.3 Esta categoría no debería ser entendida como atributo de una Esencia en sí misma considerada, sino como pasión transitiva, es decir, como relación — y la circunstancia de esta relación como un hecho —, a saber, la relación del hombre y su Dios en una sympathesis, volviendo de nuevo a la etimología de la palabra. NOTAS: