Carregando...
 
Skip to main content
id da página: 6460 GNOSTICISMO TERMOS GNÓSTICOS

Pecado de Sofia

GNOSTICISMOTERMOS GNÓSTICOS — PECADO DE SOFIA


Guillermo Fraile: HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

El pecado de «Sophía». Para poder continuar la serie de emanaciones y al mismo tiempo para explicar el origen del mal, los valentinianos introducen la peripecia del pecado de Sophía, trigésimo eón del pléroma, la cual, impulsada por la curiosidad, quiso remontarse a la región suprainteligible y escrutar el misterio del abismo, cosa que sólo puede hacer el nous. Sophía cayó, y se habría precipitado en el vacío a no ser porque el límite (horus) que rodea el pléroma la sostuvo diciendo Iao. Para evitar que esto se volviera a repetir, nous (entendimiento) y theletos (voluntad) engendraron una última pareja de eones, Cristo y el Espíritu Santo, cuya misión consiste en enseñar a los demás eones del pléroma a respetar la trascendencia del abismo. De esta manera quedó restablecido el orden dentro del pléroma.

No pararon aquí las cosas. Sophía, en lugar de unirse a su pareja theletos, fue fecundada por el deseo. De ello nació una hija bastarda, llamada achamoth (Achamoth = concupiscencia ), que es un aborto, una materia sin forma, y que fue expulsada del pléroma. Para reintegrarla al orden se reunieron todos los eones del pléroma a fin de producir colectivamente un nuevo ser divino, a imagen del mundo superior, dándole cada uno lo mejor que tenía, «como se teje una corona de flores». De esta manera nació el Salvador-Jesús, que fue emitido por los eones a la manera de un problema1 .

Con esto vuelve a cerrarse la cadena: logos: eones: Salvador. El Salvador es hijo inmediato del conjunto de los eones del pléroma, y mediatamente del logos. Por esto se le llama también logos, aunque su nombre propio es Jesús (Salvador). Lo acompaña una cohorte de ángeles espirituales («satélites del Salvador»), y su misión consiste en crear el kénoma, o reino celeste, a semejanza del mundo superior, y además los hombres psíquicos, o espirituales.

Valentín repite tres categorías en la formación de las cosas. Hay tres reinos: el espiritual (ogdóada), el animal (hebdómada) y el material (héxada). Tres clases de ángeles: espirituales (satélites del Salvador), animales (ángeles del demiurgo) y materiales (demonios). Y hay también tres clases de hombres: espirituales (pneumáticos), animales (psíquicos), y materiales (hylicos).

Los elementos puros y buenos de los hombres provienen de la semilla de Sophía achamoth. Los pneumáticos, o espirituales, fueron formados sin intervención ni conocimiento del demiurgo. Son un género diferente (diapheron genos), que procede del espíritu superior. En ellos predomina el elemento luminoso. «Aun sepultado en el fango, el oro no pierde su belleza». Estos son los gnósticos, los cuales no necesitan redención. Para salvarse les basta la gnosis, que es su grado propio de conocimiento.

Los hombres psíquicos, o animales, tienen alma racional (psyche), que proviene del cielo de la hebdómada (anima caelestis), En ellos están equilibradas la materia luminosa y la Oscura. Son los cristianos, a quienes corresponde el conocimiento de la fe. Pueden ser redimidos libertando las partes luminosas de su materia. La redención la realizó el Salvador, que nació de la Virgen María, al cual se unió el eón Jesús en el momento del bautismo, hasta el momento de la pasión, en que se separó y volvió al pléroma, dejando padecer y morir solamente al cuerpo material.

El último grado es el de los hombres hylicos, o materiales, que tienen alma irracional (alogos), procedente del barro del paraíso (geodes, choicum) (Contra Heresias). Son los paganos, en los cuales domina por completo la materia. No son capaces de redención y perecerán con el mundo material.

Cuando el demiurgo se canse de producir, Sophía achamoth retornará al pléroma y cada ser volverá a su principio. Los hombres pneumáticos (gnósticos) irán al pléroma, para lo cual tendrán que atravesar dos fronteras: la de los demonios aéreos (jueces) y la de los ángeles planetarios (cosmocrátores). Para franquear esos obstáculos los ungían con óleo en el momento de la muerte. Por su parte, el demiurgo ocupará en la ogdóada el lugar que dejará libre achamoth, junto con los hombres psíquicos que hayan sido redimidos. En cambio, los hylicos perecerán en una conflagración universal, que será el fin de todo, pues no habrá retorno cíclico de las cosas2 . Así, pues, la escatología valentiniana consiste esencialmente en que cada ser retorne al lugar que le corresponde según su naturaleza, en conformidad con su conducta en el mundo. Esas creencias escatológicas sirven de fundamento a una moral expresada con fuerza y elocuencia.


NOTAS:
1

Según San Hipólito, los valentinianos distinguían tres Cristos: «uno emanado del nous y de la verdad junto con el Espíritu Santo; otro, germinación de todo el pléroma, cónyuge de la sophía, que está afuera; y otro tercero, nacido mediante María para mejorar nuestra condición... Este último realizó una gran obra con su aparición» (Philosoph. VI 35).
El P. Orbe interpreta las tres primeras parejas de eones como correspondientes a la producción del Hijo de Dios en tres fases distintas: a) la primera (nous-aletheia) sería el logos en el interior del Padre (logos eudiathetos); b) la segunda (logos-zoe) sería el logos prolaticio (logos prophorikos); y c) la tercera (logos-ecclesia) sería su manifestación externa definitiva. Cf. En los albores de la exégesis joannea p.327.

2 «Los valentinianos no descubren por ningún lado la posibilidad de una iteración de períodos cósmicos, en que vuelva a repetirse nuevamente la economía a partir de la generación del nous hasta el nuevo incendio final. En este punto abandonan una tesis profundamente helenística y se suman a la concepción cristiana de un tiempo unilateral en que nada se repite. El cosmos se aniquila para siempre» (A. Orbe, En los albores... p.8o).