René Guénon: SÚPLICA E ENCANTAMENTO
Estas consideraciones harán comprender mejor, por la comparación que permiten establecer, lo que diremos ahora sobre el tema del «encantamiento»; es esencial destacar que lo que llamamos así no tiene absolutamente nada en común con las prácticas mágicas a las que se da a veces el mismo nombre1 ; por lo demás, ya nos hemos explicado suficientemente sobre la magia como para que no sea posible ninguna confusión y como para que no sea necesario insistir más en ello. El encantamiento del que hablamos, contrariamente a la plegaria, no es una petición, y ni siquiera supone la existencia de alguna cosa exterior (lo que toda petición supone forzosamente), porque la exterioridad no puede comprenderse más que en relación al individuo, que precisamente se trata de rebasar aquí; el encantamiento es una aspiración del ser hacia lo Universal, a fin de obtener lo que podríamos llamar, en un lenguaje de apariencia algo «teológico», una gracia espiritual, es decir, en el fondo, una iluminación interior que, naturalmente, podrá ser más o menos completa según los casos. Aquí, la acción de la influencia espiritual, debe ser considerada en el estado puro, si se puede expresar así; el ser, en lugar de buscar hacerla descender sobre él como lo hace en el caso de la plegaria, tiende al contrario a elevarse él mismo hacia ella. Este encantamiento, que se define así como una operación completamente interior en principio, puede no obstante, en un gran número de casos, ser expresado y «soportado» exteriormente con palabras o gestos, que constituyen algunos ritos iniciáticos, tales como el mantra en la tradición hindú o el dhikr en la tradición islámica, y que deben considerarse como determinando vibraciones rítmicas que tienen una repercusión a través de un dominio más o menos extenso en la serie indefinida de los estados del ser. Que el resultado obtenido efectivamente sea más o menos completo, como lo decíamos hace un momento, la meta a alcanzar es siempre la realización en uno mismo del «Hombre Universal», por la comunión perfecta de la totalidad de los estados, armónica y conformemente jerarquizada, en el florecimiento integral en los dos sentidos de la «amplitud» y de la «exaltación», es decir, a la vez en la expansión horizontal de las modalidades de cada estado y en la superposición vertical de los diferentes estados según la figuración geométrica que ya hemos expuesto en otra parte con detalle (Ver EL SIMBOLISMO DE LA CRUZ).
ESTADO PÓSTUMO
Por esta palabra de "encantamiento" en el sentido en el que la empleamos aquí, es menester entender esencialmente una aspiración del ser hacia lo Universal, que tiene por cometido obtener una iluminación interior, cualesquiera que sean por lo demás los medios exteriores, gestos ( mudras ), palabras o sonidos musicales ( mantras ), figuras simbólicas ( yantras ) u otros, que pueden emplearse accesoriamente como soporte del acto interior, y cuyo efecto es determinar vibraciones rítmicas que tienen una repercusión a través de la serie indefinida de los estados del ser. Un tal "encantamiento" no tiene pues absolutamente nada de común con las prácticas mágicas a las cuales se da a veces el mismo nombre en occidente, como tampoco con un acto religioso tal como la plegaria; todo aquello de lo que se trata aquí se refiere exclusivamente al dominio de la realización metafísica.
Coomaraswamy Beijo do Sol (notas)
Observe-se que «canto» (essencial a toda «encantação») relaciona-se etimologicamente com «galo» (sânscrito koka, cuco ou ganso rubro: a palavra é supostamente onomatopeica, mas pode derivar-se plausivelmente de kū, que é a raiz de kavi, «poeta», e que, quando se diz dos pássaros, significa «cantar»; cf. kukkuṭa, «galo»). O «galo despertador» é preeminentemente um «pássaro-sol»: diz-se que o galo «canta»; e udgātṛ poderia traduzir-se, não inaptamente, por «galo». O ensino do Buddha iguala-se efetivamente ao canto de um galo (Aṅguttara Nikāya I.188).
Pode-se dizer que o Sol é o Sāman Cantor arquetípico, pois «ele procede como tom» (svara eti, Jaiminīya Upanishad Brāhmaṇa III.33.–), e «a idiossincrasia (sva) do Sāman é ser tom» (svarā, Bṛhadāraṇyaka Upanishad I.3.25); e o Udgātṛ arquetípico, pois «procede com canto a todo este universo» (idaṃ sarvam abhipraṇāt, Aitareya Āraṇyaka II.2.2 segundo o compreende Sāyaṇa) «de modo que cada um sente “é justamente em mim onde canta”» (tasmāt sarva eva manyante mām pratyudagād iti, citado por Sāyaṇa sobre Aitareya Āraṇyaka III.2.3 puruṣaṃ puruṣaṃ praty āditya bhavati); «Certamente, ao proceder, canta alto (udgāyati) a seus filhos… O Sol é o udgātṛ, o oṃ, pois procede entoando “oṃ”… O “Altíssimo” (ud) é seu nome… Seus cantos (gīṣāḥ) são a Ṛk e o Sāman, e daqui o termo “udgātṛ”, e igualmente também o termo udgātṛ —ele, o Udgātṛ, é o cantor (gātṛ) deste “Altíssimo”» (Chāndogya Upanishad I.3.1, I.5.1, I.6.7-8). Cf. Dante, Paradiso, X.76, si cantando, quegli ardenti soli.
Para uma lista dos arquétipos do Udgātṛ ver Pañcaviṃśa Brāhmaṇa I.3.9 onde, dirigindo-se ele mesmo à congregação diz, «Seja eu Indra para vossa visão, Sūrya para vosso olho, Vāta para vossa respiração, Soma para vosso olfato, Sacerdócio (brahma) para vossa Realeza (kṣatra)». Todos estes, por suposto, são princípios solares.
O fato de que o Sol, o Gandharva, seja a fonte da «música das esferas» explica ademais por que aos Gandharvas consideram-se como os músicos do Indra solar. Em Ṛg Veda Saṃhitā X.139.5, «Que o Gandharva, o medidor do mundo intermediário (isto é, o Sol) proclame a Verdade» (ghrṇātu gandharvo satyam); a raiz verbal ghr̄ reconhece-se no grego chríō, cantar, celebrar, em nigthin-gale rouxinol, e provavelmente no latim gallus. É o «Gerión de triple corpo», o «Gritador», um análogo do «Gandharva de triple cabeça»?