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Causas

COSMOLOGIA — CAUSAS


VIDE: CAUSALIDADE; DEIXAR-VIGER

Filosofia

Martin Heidegger: AS CAUSAS ARISTOTÉLICAS



Ananda Coomaraswamy: DA PERTINÊNCIA DA FILOSOFIA
Quando se descobre uma causa, dá-se a isso o nome de explicação. Mas cada causa foi um dia um efeito e assim por diante, indefinidamente, de modo que o nosso quadro da realidade adquire a forma de uma série de causas que se estendem para trás e chegam ao passado, e na forma de efeitos esperados no futuro, mas não temos uma sensação empírica de um agora, nem conseguimos explicar empiricamente como a causa produz efeitos, sendo sempre a suposição post hoc propter hoc um ato de fé.

TEORIA MEDIEVAL DA BELEZA

La cuarta de las causas aristotélicas, a saber, la causa material, se omite aquí necesariamente, pues el dogma cristiano niega que Dios opere como la causa material de nada. La «materia prima» escolástica, lo «no-existente» de Dionisio, no es la omnipotencia infinita (sánscrito aditi, shakti, mula-prakrti, etc.) de la naturaleza divina, «Natura Naturans, Creatrix Deus», sino una potencialidad que se extiende sólo a las formas naturales o posibilidades de manifestación (Summa Theologica I.7.2 ad 3; igualmente, la «Pura potenza tenne la parte ima» de Dante, Paradiso XXIX.34). No es la nada absoluta de la Oscuridad Divina, sino la nada relativa (kha, akasha como quintaesencia) de la que se hizo el mundo (ex nihilo fit ), y que en el acto de creación toma el lugar de la «causa material». Como tal es remota de Dios (Summa Theologica I.14.2 ad 3), que se define como completamente en acto (I.14.2c), aunque «retiene una cierta semejanza con el ser divino» (I.14.2 ad 3), a saber, esa «naturaleza por la que el Padre engendra» (I.41.5); cf. San Agustín, De Trinitate XIV.9, «a saber, Esa naturaleza que creó todas las otras».

Por otra parte, si no consideramos a Dios como distinto de la Deidad, sino más bien como la unidad de esencia y naturaleza en la Identidad Suprema de los principios conjuntos, será correcto decir que todas las causas están presentes en la Deidad, pues esta naturaleza, a saber, Natura Naturans, Creatrix (cuya manera de operación se imita en el arte, Summa Theologica I.117.1c), es Dios. De la misma manera que la procesión del Hijo, la Palabra, «es desde un principio conjunto vivo (a principio vivente conjuncto)» y «se llama propiamente generación y natividad» (I.27.2) y «eso por lo que el Padre engendra en la naturaleza divina» (I.41.5), así también el artista humano opera por «una palabra concebida en su intelecto» (per verbum in intellectu conceptum, I.45.6c).

Sólo si se toma la analogía humana demasiado literalmente y se considera la procesión y creación divinas como eventos temporales, la naturaleza divina «recede» aparentemente de la esencia divina y la potencialidad deviene el «medio» (sáns. maya ) enfrentado al «acto»; esto es la ruptura de Brhadaranyaka Upanishad I.4.3 («Él dividió su Esencia en dos», dvedha apatayat ), la separación del Cielo y de la Tierra en Jaiminiya Upanishad Brahmana I.54 (te vyadravatam), como en Génesis I, «Dios dividió las aguas superiores de las inferiores». Entonces, si se define a Dios como «todo acto» o «acto puro», y como el Arquitecto Divino en operación, la causa material de las cosas creadas no está en Él. De la misma manera que, en la operación humana, la causa material es externa al artista, y no está en él; y en tanto que la causa material, en su caso, ya está en cierta medida «formada», y no es, como la materia prima, enteramente informal, tratable y pasiva, la causa material a la vez ofrece una cierta resistencia al propósito del artista (la sorda de Dante, Paradiso I.129) y en alguna medida determina el resultado; al mismo tiempo que, en su disposición a la recepción de otra forma, se asemeja a la materia prima y se presta a la intención del artista, que puede compararse al Arquitecto Divino en la medida en que controla plenamente el material, aunque nunca lo hace completamente.