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Vermelho

VERMELHO

VIDE:

Simbolismo

Frédéric Portal: Do Simbolismo das Cores

El blanco es el símbolo de Dios, el oro y el amarillo indican el Verbo, o la revelación, y el rojo y el azul la santificación o el Espíritu Santo.

En su unidad crea Dios el universo, como hijo de Dios se revela a los hombres, como Espíritu Santo los regenera por el amor a la verdad; en ese sentido lo llama San Cirilo «fruto de la divina esencia» '.

El Espíritu Santo es Dios que se manifiesta en el corazón e ilumina a los fieles; es el amor que procede del creador, el bautismo de fuego y espíritu, de amor y verdad.

De estos principios se desprende una interpretación singular de los libros sagrados de los pueblos antiguos. Tanto en las cosmogonías paganas como en el Génesis, el mundo lo crea el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo. Pues bien, como el Espíritu Santo es la santificación del hombre por parte de Dios, resulta que estas cosmogonías, que son el símbolo de la formación del universo, tratan de la regeneración del hombre. Encontramos confirmación de este hecho en la iniciación en los misterios, que tenía por objeto el nacimiento espiritual del neófito y cuyos ritos representan la creación del mundo. Otra prueba sale de la comparación frecuentísima del mundo y el hombre, del macrocosmo y el microcosmo, su imagen.

La doctrina que aquí expongo la vislumbró Pico de la Mirándola y la confirmó plenamente Swedenborg en sus Arcanos Celestes; los nombres mitológicos de los días de la semana y la atribución de los colores a los planetas son otras pruebas de ello, pruebas que serán desarrolladas en la explicación de los monumentos.

El Espíritu Santo es Dios que se manifiesta en su Iglesia y en el hombre regenerado: el Evangelio encuentra aquí su confirmación en las tradiciones sagradas de los más antiguos pueblos.

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Sangha, o el Espíritu Santo, procede de Dios y del Verbo, y este dogma lo encontramos también en el cristianismo; Sangha es la unión del hombre con Dios, y el Espíritu Santo es en el Evangelio el amor y la verdad de Dios que calienta el corazón e ilumina el espíritu de los apóstoles; el Verbo, en el sentido más íntimo, es el creador, mientras que el Espíritu Santo es el regenerador; todos los seres emanan de la Divinidad por el Verbo; pero sólo el hombre, animado por el Espíritu Santo, vuelve a su creador el amor que le dio la vida.

Los libros sagrados de la India reproducen esta doctrina primigenia y cristiana. Cuando en el medio del fuego celeste, del fuego supremo, dice el Yajur Veda, se ha alcanzado el cielo, los habitantes de esos altos lugares saborean el fruto de la inmortalidad. Ese fuego celeste es el espíritu incorpóreo que reposa en la caverna del centro del corazón; es el fundamento del universo; es aquel por el cual se adquiere el mundo sin límites; es el principio y el origen de los mundos. El fuego de los sacrificios es el símbolo de ese fuego celeste. Es imposible no reconocer aquí el Sangha de los budistas y el Espíritu Santo de los cristianos, creador del universo y regenerador del hombre por el amor y la verdad. El fuego y el éter son los símbolos del espíritu incorpóreo, y lo mismo ocurre con los colores, el rojo y el azul, que son los atribuidos a las Divinidades cosmogónicas, Vishnú y Brahma.

Esta doctrina, de una pureza asombrosa, se traduce en el Génesis en símbolos idénticos. Jehovah Dios formó al hombre del polvo de la tierra e insufló en sus narices el espíritu de vida y fue hecho hombre en alma viviente; el espíritu de vida es el amor divino y la verdad divina o la fe; el hombre, pues, fue creado por el Espíritu Santo, o por el amor y la verdad; la humanidad es el receptáculo del amor divino y su nombre hebreo significa rojo, Adam.

El viento, el aire, el éter y su color, el azul, son en la Biblia símbolos del espíritu de verdad; el fuego y su color, el rojo, representan el amor divino. El aliento de Dios planeaba sobre el caos; el verbo de Jehovah, dice el rey profeta, creó los cielos y todo su ejército mediante el espíritu o la inspiración de su boca. El Ungido del Señor es llamado espíritu de la respiración, pues él es la verdad eterna; él sopla sobre sus discípulos y les dice : «Recibid el Espíritu Santo», es decir, la verdad por el amor. Cuando el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles, se oyó de pronto un gran ruido, como un viento violento e impetuoso que venía del cielo y que llenó toda la casa donde estaban sentados. Al mismo tiempo vieron aparecer como lenguas de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos.