Éste es el primer leitmotiv de la gran obra de Najm Kobrâ: la partícula de luz que aspira a liberarse, a remontar hacia su origen. Lo que representan aquellas miniaturas persas en las que puede descubrirse la influencia maniquea (infra VI, 1) es, pues, lo mismo que visualiza la apercepción visionaria de Najm Kobrâ. Al encuentro de la llama que se eleva desde la tierra desciende un resplandor desde el cielo, y es en este ambiente ígneo donde Najm discierne o presiente la presencia del «testigo celestial», «guía suprasensible», que, en este paroxismo, se revela como el homólogo de la Naturaleza Perfecta, el Noûs, el poimen, guía de luz de Prometeo-Phos. Hay correlación entre la liberación del hombre de luz, los fotismos coloreados y la manifestación del guía celestial. Esta correlación expresa la condición previa a toda experiencia: es preciso que los hombres se separen del velo que los deja ciegos. «Ahora bien, este velo no es exterior a ellos mismos; forma parte de ellos y es la tiniebla de su condición de criaturas» (§ 1).
«Amigo, cierra las pupilas y mira lo que ves. Si me dices: "no veo nada", estás en un error. Puedes ver, pero desgraciadamente la tiniebla de tu naturaleza está tan próxima a ti que dificulta tu visión interior, hasta el punto de que no la disciernes. Si quieres discernirla y verla ante ti, manteniendo siempre las pupilas cerradas, comienza por disminuir o por alejar algo de tu naturaleza. Pero la vía que conduce a este fin es el combate espiritual. Y la significación del combate espiritual es poner todo en acción para rechazar a los enemigos o matarlos. Los enemigos son la naturaleza, el alma inferior y el demonio» (§ 2). (Corbin Homem Luz)
No hay más que la Luz; los velos provienen necesariamente de la propia Luz, están prefigurados en ella. No vienen de la luminosidad, sino de la irradiación; no de la claridad, sino de la expansión. La Luz luce por sí misma, después irradia para comunicarse, y al irradiar, produce el Velo, y los velos; irradiando y expandiéndose, crea el alejamiento, los velos, las gradaciones. La tendencia intrínseca a la irradiación es el primer Velo, el que se precisa en seguida en Ser creador y después se manifiesta como cosmos. El esoterismo o la gnosis, al ser la ciencia de la Luz, es por esto mismo la ciencia de los cubrimientos y descubrimientos, por la fuerza de las cosas puesto que por una parte el pensamiento discursivo y el lenguaje que lo expresa constituyen un velo y, por otra, la razón de ser de este velo es la Luz.
Dios y el mundo no se mezclan; no hay más que una sola Luz, vista a través de innumerables velos; el santo que habla en nombre de Dios no habla en virtud de una inherencia divina, porque la substancia no puede ser inherente a lo accidental; es Dios quien habla; el santo no es más que un velo cuya función es manifestar a Dios, «como una nube ligera hace visible al sol», según una comparación de la que los musulmanes hacen uso frecuente. Todo accidente es un velo que hace visible, más o menos indirectamente, la Substancia-Luz.
En el Avatara hay, con toda evidencia, separación entre lo humano y lo divino — o entre el accidente y la Substancia -. Y después, mezcla, no entre el accidente humano y la Substancia divina, sino entre lo humano y el reflejo directo de la Substancia en el accidente cósmico; se puede calificar de «divino» a este reflejo en relación con lo humano, a condición de no reducir de ningún modo la Causa al efecto. Para unos, el Avatara es el Dios «descendido»; para otros, es una «apertura» que permite ver al Dios que está inmutablemente «en lo alto» (NA: Lo que «se encarna» en el Avatara es un aspecto de buddhi, como Vishnu o Shiva; no es atman en sí mismo. Recordemos a este respecto que la razón de ser del Cristianismo es poner el acento sobre el «Fenómeno divino», mientras que la del Islam, por el contrario, es la de reducir el fenómeno al Principio o el efecto a la Causa.).
La irradiación universal es el desarrollo de lo accidental a partir de la Relatividad inicial; el Ser necesario, irradiante en virtud de su infinitud, da lugar a la Contingencia. Y el Corazón vuelto transparente comunica la Luz una y reintegra así la Contingencia en lo Absoluto; esto equivale a decir que no somos verdaderamente nosotros mismos más que por nuestra consciencia de la Substancia y por nuestra conformidad con esta consciencia, pero no que debamos salir de toda relatividad — suponiendo que pudiéramos — porque Dios, al crearnos, ha querido que existamos. [Frithjof Schuon — O Esoterismo como princípio e como via — O mistério do véu — Véu proveniente da Luz]
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