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Rosario

ORAÇÃO — ROSÁRIO



René Guénon: A CADEIA DOS MUNDOS

En las diversas formas tradicionales, el símbolo más corriente de la "cadena de los mundos" es el rosario; y haremos notar ante todo, a este respecto, en conexión con lo que decíamos al comienzo sobre el "hálito" que sustenta los mundos, que la fórmula pronunciada sobre cada cuenta corresponde, en principio por lo menos si no siempre de hecho, a una respiración, cuyas dos fases simbolizan, respectivamente, como es sabido, la producción de un mundo y su reabsorción. El intervalo entre dos respiraciones, correspondiente, como es natural, al paso de una a otra cuenta, representa por eso mismo un prálaya ( 'disolución' ); el sentido general de este simbolismo es, pues, bastante claro, cualesquiera fueren, porlo demás, las formas particulares que puede revestir según los casos. Debe notarse también que el elemento más esencial, en realidad, es aquí el hilo que une las cuentas; esto puede parecer inclusive harto evidente, pues no puede haber rosario si no hay ante todo ese hilo en el cual las cuentas vienen después a insertarse "como las perlas de un collar". Si es necesario, empero, llamar la atención sobre ello, se debe a que, desde el punto de vista externo, se ven más bien las cuentas que el hilo; y esto mismo es muy significativo, puesto que las cuentas representan la manifestación, mientras que el sûtrâtmâ, representado por el hilo, es en sí mismo no-manifestado.

En la India, el rosario se denomina aksha-mâlâ o guirnalda de aksha' ( y también aksha-sûtra ); pero, ¿qué ha de entenderse por aksha? Esta cuestión, a decir verdad, es bastante compleja1 ; la raíz verbal aksh-, de la cual deriva esa palabra, significa 'alcanzar', 'penetrar', 'atravesar', de donde, para aksha, el sentido primero de 'eje'; y, por otra parte, aksha y el latín axis, 'eje', son manifiestamente idénticos. Se puede ver inmediatamente aquí, remitiéndose a las consideraciones ya expuestas, una relación directa con la significación esencialmente "axial" del sûtrâtmâ; pero, ¿cómo es que el aksha ha llegado a designar, no ya el hilo, sino las cuentas mismas del rosario? Para comprenderlo, es menester darse cuenta de que, en la mayoría de sus aplicaciones secundarias, esa designación, la del eje mismo, ha sido en cierto modo transferida ( por un paso, podría decirse, del sentido activo al pasivo ) a aquello atravesado por él, y más en particular a su punto de penetración. Así, por ejemplo, aksha es el "ojo" de una rueda, es decir, su cubo2 ; y la idea de 'ojo' ( sentido que aksha tiene a menudo, sobre todo en sus compuestos ) nos reconduce a la concepción simbólica del eje como "rayos solares" que iluminan el mundo al penetrarlo. Aksha es también el 'dado', aparentemente a causa de los "ojos" o puntos con que se marcan sus caras3 ; y es igualmente el nombre de una especie de grano con que se hacen ordinariamente los rosarios, porque la perforación de las cuentas es también un "ojo" destinado precisamente a, dejar pasar el hilo "axial"4 . Esto, por otra parte, confirma lo que decíamos antes acerca de la importancia primordial del hilo axial en el símbolo de la "cadena de los mundos", pues de él, en suma, las cuentas de que aquélla se compone reciben secundariamente su designación, así como, podría decirse, los mundos no son realmente "mundos" sino en cuanto penetrados por el sûtrâtmâ 5 .

El número de cuentas del rosario varía según las tradiciones, e incluso puede variar según ciertas aplicaciones especiales; pero, en las formas orientales por lo menos, es siempre un número cíclico: así, particularmente, en la India y el Tibet ese número es por lo común 108. En realidad, los estados que constituyen la manifestación universal son en multitud indefinida, pero es evidente que esta multitud no podría representarse adecuadamente en un símbolo de orden sensible como aquel de que aquí se trata, y es forzoso que las cuentas sean en número definido6 . Siendo así, un número cíclico conviene, naturalmente, para una figura circular como la aquí considerada, la cual representa por sí misma un ciclo o más bien, según decíamos anteriormente, un "ciclo de ciclos".

En la tradición islámica, el número de cuentas es 99, número también "circular" por su factor 9, y en este caso referido además a los nombres divinos7 ; puesto que cada cuenta representa un mundo, esto puede ser referido igualmente a los ángeles considerados como "rectores de las esferas"8 , representando o expresando en cierto modo cada uno un atributo divino9 , el cual estará así más particularmente vinculado con aquel de entre los mundos del cual ese ángel es el "espíritu". Por otra parte, se dice que falta una cuenta para completar la centena ( lo que equivale a reducir la multiplicidad a la unidad ), ya que 99 = 100 — 1, y que ese grano, que es el referido al "Nombre de la Esencia" ( Ismu-dhDhât ), no puede encontrarse sino en el Paraíso10 ; y es éste un punto que requiere aún algunas explicaciones.


NOTAS:
1 Debemos las indicaciones siguientes sobre este asunto a la amabilidad de A. K. Coomaraswamy.
2 Se recordará lo que hemos dicho anteriormente sobre diversos símbolos emparentados, como el "ojo" de la cúpula y el "ojo" de la aguja.
3 También es de notar, desde el punto de vista de la doctrina de los cielos, que las designaciones de esas caras, según el número de sus puntos, son las mismas que las de los Yuga.
4 El nombre del grano rudráksha se interpreta como 'provisto de un ojo rojo' ( en estado natural, y antes de la perforación ); el rosario se llama también rudrâksha-válaya, 'anillo o círculo de rudrâksha'.
5 Sabido es que la palabra sánscrita loka, 'mundo' está etimológicamente en relación con la luz y la vista, y por consiguiente también con el simbolismo del "ojo" y del "rayo solar".
6 De modo similar, en el lenguaje mismo, la indefinitud se expresa a menudo, simbólicamente, por números como diez mil, según lo hemos explicado en otro lugar ( cf. LES PRINCIPES DU CALCUL INFINITÉSIMAL, cap. IX ).
7 Las 99 cuentas se dividen, además, en tres series de 33; se encúentran, pues, aquí los múltiplos cuya importancia simbólica ya hemos señalado en otras ocasiones.
8 Se recordará que, en Occidente también, santo Tomás de Aquino ha enseñado expresamente la doctrina según la cual angelus movet stellam ( 'el ángel mueve a la estrella' ); esta doctrina era, por lo demás, cosa corriente en el Medioevo, pero es de aquellas que los modernos, incluso cuando se dicen "tomistas", prefieren pasar por alto para no chocar demasiado con las concepciones "mecanicistas" comúnmente aceptadas.
9 Aunque ya hemos señalado este punto en varias oportunidades, nos proponemos volver especialmente sobre él en un próximo artículo.
10 En la correspondencia angélica que acabamos de mencionar, esa centésima cuenta debía referirse al "Ângel de la Faz" ( que es, en realidad, mas que un ángel ): Metatrón ( en la Qabbalah hebrea ) o er-Rûh ( en la tradición islámica ).