Clemente de Alexandria: EXAMINADO POR ANTONIO ORBE
Ninguna alusión al lema gnóstico heterodoxo («Quaerite et invenietis»), y sí al programa de la verdadera (científica) inquisición. El Alejandrino cita Mt 7,7 fuera de todo propósito específicamente cristiano. En capítulos sucesivos discurre a nivel filosófico, dando reglas de método inspiradas en las escuelas coetáneas del paganismo.
La curiosidad innata de Clemente no experimenta con la viveza de Tertuliano el apremio de una revisión para las «Quaestiones et responsiones». Cree útil el sistema, siempre que se oriente a la invención de la verdad (resp. del bien). Su actitud, muchas veces benévola para exégesis valentinianas de manifiesta heterodoxia, explicaría algo la nota serena, desinteresada, de tales juicios. Dijérase que ignora abusos, o no los cree tan flagrantes como para llamar a rebato.
Suenan muy distinto las páginas que consagra a combatir, en Strom. VII 16, los métodos exegéticos de la gnosis heterodoxa. Sin mencionar Mt 7,7 hace su mejor comentario.
Tres disposiciones hay de ánimo: la ignorancia, característica de los paganos (ta ethne); la ciencia, propia de la verdadera Iglesia; y la opinión (oiesis), peculiar de las herejías (Stromata VII 16,100,7). Con la opinión rima la contienda (heris) (Stromata VII 16,101,3). Los gnósticos buscan la porfía con los eclesiásticos, sin amor a la verdad austera y sobria.
Demasiado conscientes de los propios fallos, escogen las expresiones equívocas, para acomodarlas a sus opiniones predilectas, echando mano de la pura letra, y, al amparo de solos términos, varían a su gusto la significación de ellos, atentos a justificar doctrinas preconcebidas.
En vez de examinar lo que mejor conviene a Dios, iluminando unas escrituras con otras, con especial sensibilidad para lo religioso, la caridad, lo que lleva a Cristo, buscan una gnosis que hincha, mas no edifica.
En el fondo, arrancan de un axioma que impide toda inteligencia posible con ellos. «Nosotros — dicen — (los eclesiásticos), como nacidos de otro linaje, somos incapaces de comprender los (misterios) peculiares a ellos».
Unos y otros nos movemos en planos diversos. Lo que para los eclesiásticos significa una cosa, para los gnósticos dice otra. Los psíquicos entendemos la Escritura psíquicamente; y ellos la intuyen «espiritualmente».
Clemente no invoca en esta ocasión Mt 7,7. Pero lo comenta. Sería inoperante urgir «Buscad y hallaréis», para que gnósticos y eclesiásticos abocáramos a una doctrina común. Los espirituales buscan a nivel propio; los psíquicos, al suyo. Jamás se encuentran. Los gnósticos tienen sus propios («espirituales») medios de inquisición: v.gr., el recurso a la paradosis secreta, mitos (teológicos) peculiares, premisas también suyas, declaraciones escriturarias en armonía con ellas.
Buscad entre «espirituales» el contenido último del Evangelio, y lo hallaréis. No lo busquéis entre «animales», porque no os lo podrán revelar. El hallazgo y la búsqueda se corresponden. Todo ha de ser entre gnósticos. Como principio de base, precisa ser de linaje divino. Sólo los «hijos del (verdadero) Dios» entienden sus misterios conforme a verdad.
Los gnósticos invertirían las categorías de Clemente. Para los herejes tienen vigencia las tres disposiciones fundamentales del humano intelecto: ignorancia (agnoia), entre paganos; opinión (oiesis) — verdad psíquica — , entre hebreos y vulgares eclesiásticos; y ciencia (episteme), entre «espirituales».
En definitiva, no hay modo de entenderse. La recomendación del Evangelio (Mt 7,7) acaba por distanciarnos más.