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id da página: 10012 Decadência

Decadência

QUEDA — DECADÊNCIA



René Guénon: CONTRA-TRADIÇÃO

Sea como sea, lo que permite que las cosas puedan llegar hasta tal punto, es que la «contrainiciación», es menester decirlo, no puede ser asimilada a una invención puramente humana, que no se distinguiría en nada, por su naturaleza de la «pseudoiniciación» pura y simple; en verdad, es mucho más que eso, y, para serlo efectivamente, es menester necesariamente que, de una cierta manera, y en cuanto a su origen mismo, proceda de la fuente única a la que se vincula toda iniciación, y también, más generalmente, todo lo que manifiesta en nuestro mundo un elemento «no humano»; pero procede de ella por una degeneración que llega hasta su grado más extremo, es decir, hasta esa «inversión» que constituye el «satanismo» propiamente dicho. Una tal degeneración es evidentemente mucho más profunda que la de una tradición simplemente desviada en una cierta medida, o incluso truncada y reducida a su parte inferior; en eso hay incluso algo más que en el caso de esas tradiciones verdaderamente muertas y enteramente abandonadas por el espíritu, cuyos residuos puede utilizar la «contrainiciación» misma para sus fines así como lo hemos explicado. Eso conduce lógicamente a pensar que esta degeneración debe remontarse mucho más lejos en el pasado; y, por obscura que sea esta cuestión de los orígenes, se puede admitir como verosímil que se vincule a la perversión de alguna de las antiguas civilizaciones que han pertenecido a uno u otro de los continentes desaparecidos en los cataclismos que se han producido en el curso del presente Manvantara 1 . En todo caso, apenas hay necesidad de decir que, desde que el espíritu se ha retirado, ya no se puede hablar de ninguna manera de iniciación; de hecho, los representantes de la «contrainiciación» son total y más irremediablemente ignorantes de lo esencial que los simples profanos, es decir, ignorantes de toda verdad de orden espiritual y metafísica, que, hasta en sus principios más elementales, ha devenido para ellos absolutamente extraña desde que «el cielo les ha sido cerrado» 2 . Al no poder conducir a los seres a los estados «suprahumanos» como la iniciación, ni limitarse únicamente al dominio humano, la «contrainiciación» los conduce inevitablemente hacia lo «infrahumano», y es justamente ahí donde reside lo que le queda de poder efectivo; no es demasiado difícil comprender que eso es algo muy diferente de la comedia de la «pseudoiniciación». En el esoterismo Islámico, se dice que aquel que se presenta ante una cierta «puerta», sin haber llegado allí por una vía normal y legítima, ve cerrarse esta puerta delante de él y está obligado a volver atrás, no como un simple profano, lo que en adelante es imposible, sino como un sâher (brujo o mago que opera en el dominio de las posibilidades de orden inferior) 3 ; no sabríamos dar una expresión más clara de lo que se trata: esa es la vía «infernal» que pretende oponerse a la vía «celeste», y que presenta en efecto las apariencias exteriores de una tal oposición, aunque en definitiva ésta no pueda ser más que ilusoria; y, como ya lo hemos dicho más atrás a propósito de la falsa espiritualidad donde van a perderse algunos seres comprometidos en una suerte de «realización al revés», esta vía no puede desembocar finalmente más que en la «desintegración» total del ser consciente y en su disolución sin retorno 4 .

Naturalmente, para que la imitación por reflejo inverso sea tan completa como es posible, pueden constituirse centros a los que se vincularán las organizaciones que dependen de la «contrainiciación», centros únicamente «psíquicos», bien entendido, como las influencias que utilizan y que transmiten, y no espirituales como en el caso de la iniciación y de la tradición verdadera, pero que, en razón de lo que acabamos de decir, pueden tomar no obstante hasta un cierto punto sus apariencias exteriores, lo que da la ilusión de la «espiritualidad al revés». Por lo demás, no habrá lugar a sorprenderse si esos centros mismos, y no solo algunas de las organizaciones que están subordinadas a ellos más o menos directamente, pueden encontrarse, en muchos casos, en lucha los unos con los otros, ya que el dominio donde se sitúan, al ser el que está más cerca de la disolución «caótica», es por eso mismo el dominio donde todas las oposiciones tienen libre curso, cuando no están armonizadas y conciliadas por la acción directa de un principio superior, que aquí falta necesariamente. De ahí resulta frecuentemente, en lo que concierne a las manifestaciones de estos centros o de lo que emana de ellos, una impresión de confusión y de incoherencia que, ella sí, no es ciertamente ilusoria, y que es incluso también una «marca» característica de estas cosas; no concuerdan más que negativamente, se podría decir, para la lucha contra los verdaderos centros espirituales, en la medida en que éstos estén en un nivel que permita que se entable una tal lucha, es decir, solo en lo que concierne a un dominio que no rebasa los límites de nuestro estado individual 5 . Pero es aquí donde aparece lo que se podría llamar verdaderamente la «necedad del diablo»: los representantes de la «contrainiciación», al acturar así, tienen la ilusión de oponerse al espíritu mismo, al que nada puede oponerse en realidad; pero al mismo tiempo, a pesar de ellos y sin saberlo, le están no obstante subordinados de hecho y no pueden dejar de estarlo nunca, del mismo modo en que todo lo que existe está, aunque sea inconsciente e involuntariamente, sometido a la voluntad divina, a la cual nada podría sustraerse. Así pues, en definitiva, ellos también son utilizados, aunque contra su voluntad, y aunque puedan pensar todo lo contrario, en la realización del «plan divino en el dominio humano» 6 ; desempeñan en él, como todos los demás seres, el papel que conviene a su propia naturaleza, pero, en lugar de ser efectivamente conscientes de ese papel como lo son los verdaderos iniciados, no son conscientes más que de su lado negativo e inverso; así, están engañados ellos mismos, y de una manera que es mucho peor para ellos que la pura y simple ignorancia de los profanos, puesto que, en lugar de dejarles en cierto modo en el mismo punto, tiene como resultado arrojarlos siempre más lejos del centro principal, hasta que caen finalmente en las «tinieblas exteriores». Pero, si se consideran las cosas, no ya en relación a estos seres mismos, sino en relación al conjunto del mundo, se debe decir que, así como todos los demás, son necesarios en el lugar que ocupan, en tanto que elementos de este conjunto, y como instrumentos «providenciales», se diría en lenguaje teológico, de la marcha de este mundo en su ciclo de manifestación, ya que es así como todos los desórdenes parciales, incluso cuando aparecen en cierto modo como el desorden por excelencia, por ello no deben concurrir menos necesariamente al orden total.



Hans Jonas: DECADÊNCIA


NOTAS:
1 El capítulo VI del Génesis podría proporcionar quizás, bajo una forma simbólica, algunas indicaciones que se refieren a esos orígenes lejanos de la «contrainiciación».
2 Se puede aplicar aquí analógicamente el simbolismo de la «caída de los ángeles», puesto que aquello de lo que se trata es lo que se le corresponde en el orden humano; y, por lo demás, es por eso por lo que se puede hablar a este respecto de «satanismo» en el sentido más propio y más literal de la palabra.
3 El último grado de la jerarquía «contrainiciática» está ocupado por lo que se llama los «santos de Satán» (awliyâ esh-Shaytân), que son en cierto modo lo inverso de los verdaderos santos (awliyâ er-Rahman), y que manifiestan así la expresión más completa posible de la «espiritualidad al revés» (cf. EL SIMBOLISMO DE LA CRUZ, p. 186, ed. francesa).
4 Esta conclusión extrema, bien entendido, no constituye de hecho más que un caso excepcional, que es precisamente el de los awliyâ esh-Shaytân; para aquellos que han ido menos lejos en este sentido, se trata solo de una vía sin salida, en la que pueden permanecer encerrados por una indefinidad «eónica» o cíclica.
5 Desde el punto de vista iniciático, este dominio es el que se designa como los «Misterios menores»; por el contrario, todo lo que se refiere a los «Misterios mayores», al ser de orden esencialmente «suprahumano», está por eso mismo exento de una tal oposición, puesto que es el dominio que, por su naturaleza propia, es absolutamente inaccesible a la «contrainiciación» y a sus representantes a todos los grados.
6 Et-tadâbîrul-ilâhiyah fî'l-mamlakatil-insâniyah, título de un libro de MOHYIDDIN IBN ARABI.