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Lossky Um Tres

Vladimir Lossky — TEOLOGIA MÍSTICA DA IGREJA DO ORIENTE


Nuevamente se hace necesario recurrir a la teología apofática a fin de liberarse de los conceptos propios del pensamiento, transformándolos en soportes a partir de los cuales sea posible elevarse a la contemplación de una realidad que la inteligencia creada no puede contener.

Con esa intención se expresa san Gregorio Nacianceno en su oración sobre el bautismo: «No bien empiezo a pensar en la Unidad, cuando la Trinidad me baña en su esplendor. No bien empiezo a pensar en la Trinidad, cuando la Unidad me toma de nuevo. Cuando uno de los Tres se presenta a mí, pienso que es el todo, tan lleno está mi ojo, hasta tal punto lo demás me escapa; pues en mi espíritu demasiado limitado para comprender a uno solo, no queda lugar para los demás. Cuando uno a los Tres en un mismo pensamiento, veo una sola antorcha, sin poder dividir o analizar la luz unificada»4. El pensamiento debe moverse sin cesar, correr tan pronto a uno, tan pronto a los tres, volver de nuevo a la unidad; debe oscilar sin descanso entre ambos términos de la antinomia para lograr la contemplación del reposo soberano de esta mónada trina. ¿Cómo hacer que se mantenga en una imagen la antinomia de la unidad y trinidad? ¿Cómo hacer captar este misterio sino con ayuda de una idea impropia, la del movimiento, la del desarrollo? Y el mismo autor adopta conscientemente el lenguaje de Plotino, que no puede engañar más que a los espíritus de cortos alcances, incapaces de elevarse por encima de los conceptos racionales, espíritus de críticos y de historiadores preocupados en buscar en el pensamiento de los padres el «platonismo» o el «aristotelismo». San Gregorio habla a los filósofos como filósofo, a fin de ganárselos para la contemplación de la Trinidad. «La mónada es puesta en movimiento en virtud de su riqueza; la diada es superada, porque la divinidad está por encima de la materia y de la forma; la tríada se encierra en la perfección, porque es la primera en superar la composición de la diada. Así es como la divinidad no permanece en la estrechez ni se propaga indefinidamente. Lo uno sería sin honor, lo otro contrario al orden; lo uno sería puramente judaico, lo otro helénico y politeísta». Se entrevé el misterio del número Tres: la divinidad no es ni una ni múltiple; su perfección supera la multiplicidad cuya raíz es la dualidad (recordemos las diadas interminables de los gnósticos o el dualismo de los platónicos) y se expresa en la Trinidad. La palabra «se expresa» es impropia, pues la divinidad no tiene necesidad de manifestar su perfección ni a sí misma ni a los demás. Ella es la Trinidad y este hecho no podría deducirse de ningún principio ni explicarse por ninguna razón suficiente, pues no hay principios ni razones anteriores a la Trinidad.

Trias, «esta palabra une cosas unidas por naturaleza y no deja dispersar las inseparables por un número que separa», dice san Gregorio Nacianceno. Dos es el número que separa, tres es el número que supera la separación: lo uno y lo múltiple se encuentran reunidos y circunscritos en la Trinidad. «Cuando nombro a Dios, nombro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. No es que suponga una divinidad difusa, eso sería volver a traer la confusión de los falsos dioses; no es que suponga la divinidad reunida en uno solo, eso sería hacerla bien pobre. Ahora bien, no quiero ni judaizar a causa de la monarquía divina, ni helenizar a causa de la divina abundancia». San Gregorio Nacianceno no procura justificar la trinidad de las personas ante la razón humana; simplemente deja ver la insuficiencia de un número que no sea tres. Pero cabe preguntarse si la idea del número puede aplicarse a Dios, si no se somete la divinidad a una determinación exterior, a una forma propia de nuestro entendimiento, la del número tres. San Basilio responde a esta objeción: «no contamos componiendo, yendo de lo uno a lo múltiple por aumento, diciendo uno, dos, tres, o el primero, el segundo, el tercero. Porque yo soy el Dios primero y yo soy más que eso (Isaías 44,6). Nunca hasta este día se ha dicho: el segundo Dios; pero adorando al Dios de Dios, confesando la individualidad de las hipóstasis sin dividir la naturaleza en multitud, permanecemos en la monarquía»8. En otros términos, no se trata aquí del número material que sirve para calcular y que no es en modo alguno aplicable en el terreno espiritual donde no hay aumento cuantitativo. En particular, cuando se refiere a las hipóstasis divinas indivisiblemente unidas y cuyo conjunto («la suma», para expresarnos de manera impropia) no hace sino unidad, 3 = 1, el número trino no es una cantidad como la entendemos habitualmente: expresa el orden inefable en la divinidad.