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id da página: 10214 Abraxas Águas

Abraxas Águas

GRUPO DE UR — ABRAXAS — CONHECIMENTO DAS ÁGUAS


VIDE: concupiscência; desejo

La vida elemental de todos los seres, sin excepción, está regida en lo profundo por una Fuerza primordial. La naturaleza de esta Fuerza es la brama: un apetito que nunca tiene satisfacción, un desplegarse que no conoce término, que es irresistible necesidad y ciego y salvaje querer.

Devenir, transformación desordenada, caótica, incoercible flujo, generación-destrucción, atracción-repulsión, terror-deseo, formación-desenvolvimiento, compuestos en una mezcla ígnea sin descanso son todos la esencia de esta primordial naturaleza cósmica.

Los Sabios hablaron de ello simultáneamente como de una maravilla y como de un pavor. Así la llamaron: Fuego universal y viviente, hyle, Dragón verde, Quintaesencia, Sustancia primera, Gran Agente mágico. En tanto principio de la obra universal, es también el principio de su "Gran Obra"; puesto que uno mismo es el Magisterio de la Creación y el Magisterio con el cual, según el Arte, el hombre se construye a sí mismo.

Esta Materia nuestra no es una abstracción de la filosofía profana ni una idea de mito, ni fábula, sino que es en vez una realidad viviente y poderosa, espíritu y vitalidad de la Tierra y de la Vida.

La raza de los hombres no la conoce. Una providencial ley natural la esconde a la conciencia de ellos con el espectáculo-ilusión de los fenómenos materiales de la realidad sólida sin la cual no existe ningún reposo, ninguna tranquilidad para su vida. Y esta misma ley solicita que este velo de ignorancia sea removido, que el ojo del Saber sea abierto sólo en el punto del aumento y presencia de una fuerza suficientemente fuerte como para poder soportar la visión.

Sabe pues que la Vida de tu vida está en Ella.

Espíala.

Ella se manifiesta por ejemplo en todos los momentos de peligro repentino.

Sea la velocidad de un auto sobre tí, distraído en el camino. Sea el venir a menos de la tierra debajo de ti en razón de abrirse una grieta. Sea un carbón ardiente sin llama o una cosa electrizada que has tocado inadvertidamente. He aquí: en súbita reacción se afirma una cosa lista, violenta, rapidísima. ¿Es tu "voluntad", tu "conciencia", tu "yo"? No. No es tu voluntad, tu conciencia, tu yo, los cuales llegan sólo después, una vez que se ha cumplido el hecho. Allí ellos estaban ausentes, sobrepasados. Algo más profundo, más veloz, más absoluto de todo está se ha hecho manifiesto, se ha impuesto, ha actuado.

Condúcete hacia el hambre, el terror, la brama sexual, el pánico y el espasmo, y la verás nuevamente indómita, violenta, tenebrosa. Y si tales manifestaciones suyas te dan la sensación de ella tu podrás conocerla gradualmente también como el fondo invisible de la plenitud de tu vida de vigilia.

Las raíces subterráneas de las inclinaciones, de las fe, de los atavismos, de las convicciones invencibles e irracionales; las costumbres, el carácter, todo lo que en ti vive como animalidad, como raza biológica, toda la voluntad del cuerpo, ciega y ebria voluntad de vivir, que esconde generación, conservación, prosecución; todo esto se vuelve a unir y se confunde con el mismo principio. Ante el mismo, habitualmente te es dada la libertad de un perro atado a una cadena. Tú no lo adviertes -y te crees libre- hasta que no pasas de un cierto límite. Pero si vas más_allá, ella se estira y te detiene. O más bien juega contigo: te mueves en círculo sin darte cuenta.

No te ilusiones: también las "cosas supremas" obedecen a este dios. Desconfía: ellas le obedecen de manera tanto más íntima y adherida en cuanto más parecen independientes y liberadas, según la magia del arrobamiento. ¡Qué le importa a Ella una u otra forma, una u otra "razón" con la cual tú crees justificarte, con tal de que se afirme su impulso profundo ! Disfrazada, ella afirma su vínculo.

Espía también esta fuerza, y conócela, en la salvaje potencia de la imaginación y de la sugestión. Es nuevamente una rapidez que fija y encadena. Y no puedes nada cuando ella es; más "quieres" en contra de ella, más la alimentarás a daño tuyo.

Cuanto más lo echas, se multiplica el pavor. Es el sueño que huye mientras te "esfuerzas" por dormir. Es una estrecha mesa sobre el abismo: es la sugestión de la caída; y tú por cierto seguramente caerás si te empeñas en pasar, "queriendo" en contra de ella.

¡Es la llama de la pasión que con mayor acritud se eleva en cuanto más tu "conciencia" se esfuerza en sofocarla, y no desaparece sino para pasar adentro y envenenarte todo!

Aquí es nuevamente Ella, irrumpe Ella. Sé conciente que este Ente que se amalgama con el de las potencias emotivas e irracionales, desciende luego hacia abajo, para identificarse con la misma fuerza que rige las funciones profundas de la vida física. ¿"Voluntad", "pensamiento", "yo", qué pueden por sobre tales funciones? Ellas son externas respecto de éstas. Semejantes a parásitos viven de las mismas, extrayendo las linfas esenciales aun sin poder descender adentro hasta el tronco profundo.

Escarba sin miedo con un arma cortante. Di pues: ¿Qué puedo justificar de este cuerpo mío con mi voluntad? ¿Quiero yo mi respiración? ¿El fuego de las mezclas en las cuales arde el alimento? ¿Quiero acaso yo esta forma mía, esta carne mía, este hombre determinado así, feliz o infeliz, noble o vulgar? ¿Pero si pregunto esto, no tengo que ir más allá todavía? ¿"Mi" voluntad, "mi" conciencia, "mi" yo, acaso los quiero o tan sólo están ahíl Porque todo lo que puedo decir que quiero, debería también poder no quererlo, y por ende también ser sin eso mismo. ¿Y el yo, esto es, "mi" yo: lo poseo, o es él el que me poseel

Tú que te has acercado a la "ciencia de los Magos" sé fuerte lo suficiente para este conocimiento: Tú no eres vida en ti mismo. Tú no existes. Tú no puedes decir "mío" respecto de nada. La Vida tú no la posees; es ella la que te posee. La sufres. ¡Y es un espejismo creer que este fantasma de "yo" pueda subsistir inmortal a la disolución del cuerpo, como si acaso todo no te dijese que la correlación con este cuerpo le es esencial, que un malestar, un trauma, un accidente cualquiera tienen una influencia precisa sobre sus facultades, por más "espirituales" y "superiores" que ellas sean!

Y ahora desvístete de ti, desciende más allá del umbral, en ritmos de analogía-sensación, siempre más abajo en las oscuras profundidades de la fuerza que rige tu cuerpo.

Aquí ella pierde su nombre e individualización. Entonces será la sensación de tal fuerza que se expande la que me retomará a "mí" y "no a mí", la que invadirá toda la naturaleza, sustancializará el tiempo, transportará miríadas de seres como si estuviesen ebrios e hipnotizados, reafirmándose en mil formas, irresistible, salvaje, privada de límites, encendida por una eterna insuficiencia y privación.

"Ello es", así es como piensa. Si este saber te reconduce a ti y si, helado por un frío mortal, sientes abierto el abismo: "En ello yo estoy"; tú entonces has conseguido aquí el conocimiento de las "aguas". En el budismo este "conocimiento de las Aguas corresponde a la realización de la denominada "conciencia samsárica" y de la verdad del anatta. Más allá de la conciencia de la única vida de un determinado individuo se encuentra la conciencia del tronco, del cual esta vida no representa sino una sección: y es experimentada la fuerza primordial de tal tronco. A tal respecto aparece también la irrealidad del "yo" y de todo lo que tiene el semblante de "yo" (éste es el anatta). Sentir y sentirse en el samsara es, también en el budismo, el presupuesto para la realización de aquello que es verdaderamente espiritual y trascendente.