Carregando...
 
Skip to main content

Duendes

PERSONAGENS — DUENDES


, Espanhol, Français, English

VIDE: TEORIAS SOBRE OS DUENDES

Simbolismo

C.S.Lewis: La imagen del mundo

Hay algo siniestro en el hecho de colocar a un leprechaun1 en un taller. El único consuelo de peso es que no hay duda de que no trabajará. Chesterton


He colocado a los Longaevi o longevos en un capítulo aparte, porque su lugar de residencia es dudoso: entre el aire y la Tierra. Otra cuestión es la de si son suficientemente importantes como para justificar dicha disposición. En cierto sentido, si se me permite el oxímoron, su importancia reside en su insignificancia. Son criaturas marginales, fugitivas. Quizá sean las únicas criaturas a las que el Modelo no asigna, por decirlo así, una posición oficial. En ello reside su valor imaginativo. Suavizan la clásica severidad del plan total. Introducen una providencial sugerencia de vida salvaje e incertidumbre en un universo que corre peligro de ser demasiado claro, demasiado lúcido.

He tomado su nombre, Longaevi, de Marciano Capella, quien cita «comunidades de Longaevi danzarines que rondan por bosques, claros y alamedas, por lagos, manantiales y arroyos; cuyos nombres son panes, faunos, sátiros, silvanos, ninfas...».2 Bernardo Silvestre, sin usar la palabra Longaevi, describe criaturas semejantes — «silvanos, panes y nereidas» —de las que dice que tienen «vida más larga» (que la nuestra), aunque no son inmortales. Son inocentes — «de conducta intachable» — y sus cuerpos de una pureza elemental.3

Otra posibilidad habría sido la de llamarlos duendes. Pero esta palabra, desgastada por pantomimas y malos libros infantiles con peores ilustraciones, habría sido peligrosa como título de un capítulo. Podría invitamos a atribuir al tema los rasgos del concepto moderno y vulgar de duende y a leer los textos antiguos en función de dicho concepto. Naturalmente, el método adecuado es el opuesto; debemos acudir sin prejuicios a los textos y enterarnos de lo que significaba la palabra duende para nuestros antepasados.

Un buen comienzo es la información que proporcionan tres pasajes de la obra de Milton:

(1) No evil thing that ivalks by night In fog or fire, lake or moorish jen,
Blue meagre Hag or stubborn unlaid ghost -
No goblin or swart Faery of the mine (Comus, 432 y ss.)

«Ningún ser maligno que deambula de noche, en la niebla o el fuego, en los lagos o los pantanos, bruja lívida y flaca o fantasma que vaga sin cesar, ningún trasgo u oscuro Duende de las profundidades.»

(2) Like that Pigmean Race
Beyond the Indian Mount, or Faery Elves,
Whose midnight Reveis, by a Forest side Or Fountain some belated Peasant sees... (Paradise Lost, I, 780 y ss.)

«Como esa raza de pigmeos, más allá del monte indio, o duendes, cuyas nocturnas algazaras, cerca de los bosques o manantiales, son observadas por algún campesino sorprendido por la noche.»

(3) And Ladies of ffo'Hesperides, that seemd
Fairer than feign'd of old, or fabl'd since
Of Fairy Damsels met in Forest wide
By Knights of Logres, or of Lyones — (Paradise Regained, II, 357 y ss.)

... «Y señoras de las Hespérides, que parecían más hermosas de lo que jamás pudo describirse, de bellas jóvenes con las que se encontraban en los bosques remotos los caballeros de Logres o de Lyones.»


Milton vivió en una época demasiado tardía como para documentar las creencias medievales. Para nosotros, el valor de estos textos suyos reside en que nos revelan la complejidad de la tradición que la Edad Media había legado a él y a su público. Probablemente Milton nunca relacionó conscientemente esos tres textos que hemos citado. Cada uno de ellos confía en obtener una respuesta diferente de parte de sus lectores ante la palabra duende. Los lectores estaban igualmente condicionados con respecto a las tres respuestas y podía confiarse en que darían la que correspondía en cada caso. Otro testimonio, anterior y quizá más sorprendente, de esta complejidad es el hecho de que en la misma isla y en el mismo siglo Spenser pudiese hacer un cumplido a Isabel I al identificarla con la Faerie Queen («reina de los duendes») y que en 1576 se pudiese quemar a una mujer en Edimburgo por «tener tratos» con los duendes y con la Queen of Elfame.4

En Comus el «duende negro» aparece clasificado entre los seres horrorosos. Ése es uno de los hilos de la tradición. Beowulf coloca a los duendes (ylfe, 111) junto a enanos y gigantes en su calidad de enemigos de Dios. En la balada de Isabel and the Elf-Knight, el caballero duende es una especie de Barba Azul. En la obra de Gower, el calumniador de Constance dice que ésta es «de la raza de los duendes», porque ha dado a luz a un monstruo (Confessio, II, 964 y ss.). El Catholicon Anglicum de 1483 da lamia y eumenis («furia») como correspondencias latinas de duende; la Vulgaria de Horman da strix y lamia. Sentimos la tentación de preguntar: ¿por qué no nympha?». Pero ninfa no habría mejorado la situación. También podía ser un nombre terrorífico para nuestros antepasados. «¿Quiénes son esos duendes demoníacos que me ponen los pelos de punta?», grita Corsites en el Endymion de Lyly (IV, iii): «¡Brujas! ¡Fuera de aquí! ¡Ninfas!» Drayton en Mortimer to Queen Isabel habla de «la desgrañada y espantosa ninfa del mar» (77). Athanasius Kircher dice a una aparición: «¡Ay! Temo que seas uno de esos demonios a los que los antiguos llamaban ninfas», y recibe la garantía: «No soy ni Lilith ni lamia.»5 Reginald Scott cita a los duendes (y a las ninfas) entre los fantasmas que se usan para asustar a los niños: «Las doncellas de nuestras madres nos han aterrorizado tanto con cocos, espíritus, brujas, duendes, hechiceras, trasgos, panes, faunos, silenos, tritones, centauros, enanos, gigantes, ninfas, íncubos, Robín el Bueno, el hombre del roble, el dragón que echa fuego, el coco, Tom Thombe, Tom el saltimbanqui y otros fantasmas por el estilo.»6

Aquella sombría forma de considerar a los duendes fue ganando terreno, creo, en el siglo XVI y a comienzos del XVII, época preocupada por las brujas de forma desmesurada. Holinshed no encontró en Boecio, pero añadió a éste, la sugerencia de que las tres mujeres que tientan a Macbeth podrían ser «ninfas o duendes». Tampoco ha desaparecido completamente ese temor hasta ahora, excepto en los lugares donde ya no existe la creencia en los duendes. Yo mismo he pernoctado en un lugar solitario de Irlanda por el que, según decían, rondaban tanto un espíritu como la (así llamada eufemísticamente) «buena gente». Pero me dieron a entender que eran los duendes más que el espíritu quienes inducían a mis vecinos a evitarlo por la noche.


NOTAS:
1 Leprechaun: duende del folklore irlandés con la figura de un viejecito que puede revelar a quien lo atrape el lugar donde está enterrada una olla de oro. (N. del T.)
2 De Nuptiis Mercurii et Philologiae, ed. de F. Eyssenhardt (Lipsiae, 1866), II, 167, p. 45.
3 Op. cit., II Pros. VII, p. 50.
4 M. W. Latham, The Elizabethan Fairies (Columbia, 1940), p. 16. Muchos de los datos que figuran en este capítulo proceden de este libro.
5 Iter Extaticum II qui et Mundi Subterranei Prodromos dicitur (Romae, Typis Mascardi, MDCLVII), II, i.
6 Discouerie of Witchcraft (1584), VII, XV.