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Teorias Duendes

TEORIAS SOBRE OS DUENDES

Simbolismo

C.S.Lewis: A Imagem do Mundo
(1) Que eran una tercera especie racional distinta de los ángeles y de los hombres. Se la podía concebir de diversas formas. Los «silvanos, panes y nereidas» de Bernardo, que viven más tiempo que nosotros pero no para siempre, son claramente una especie racional (y terrestre) distinta de la nuestra y, a pesar de sus nombres clásicos, se podrían identificar con los duendes. De ahí que Douglas en su Eneados glose la expresión Fauni nynphaque de Virgilio (VIII, 314) con el verso QuhUk fair folkis or than elvis cleping we. La fata de Boiardo, que explica que, como todos los de su especie, no puede morir hasta el día del juicio final,2 supone la misma concepción. Otra posible concepción podía encontrar la tercera especie buscada entre los espíritus que, de acuerdo con el principio de plenitud, existían en todo elemento: 1 los «espíritus de todo elemento» de Faustus (151), los «tetrarcas del fuego, del aire, del agua y de la tierra» de Paradise Regained (IV, 201). El Ariel de Shakespeare, figura incomparablemente más seria que ninguna de las del Dream, sería un tetrarca del aire. No obstante, la descripción más precisa de los espíritus que viven en los elementos revelaría que sólo una de sus clases se identifica con los duendes. Paracelso,2 enumera: (a) Nymphae o Undinae, del agua, que son de la estatura de los hombres, y hablan, (b) Sylphi o Silvestres, del aire. Son mayores que los hombres y no hablan, (c) Gnomi o Pygmaei, de la tierra: de unos dos palmos de altos y extraordinariamente taciturnos. (d) Salamandra o Vulcani, del fuego. Las ninfas u ondinas son claramente de la raza de los duendes. Los gnomos están más próximos a los enanos de márchen. Paracelso sería un autor demasiado moderno para mi objetivo, si no hubiese razón para suponer que está usando — en parte por lo menos — folklore de época muy anterior. En el siglo XIV, la familia de Lusignan se jactó de contar con un espíritu del agua entre sus antepasados.3 Posteriormente vemos aparecer la teoría de una tercera especie racional sin intentos de identificarla. El Discourse concerning Devils and Spirits, añadido en 1665 a la Discouerie de Scot, dice que «su naturaleza es intermedia entre el cielo y el infierno... reinan en un tercer reino, y no han de esperar nunca ni juicio ni sentencia». Por último, Kirk en su Secret Commonwealth los identifica con esos seres aéreos que ya he tenido tantas ocasiones de citar: «de naturaleza intermedia entre el hombre y el ángel, como se pensaba antiguamente que eran los demonios».

(2) Que son ángeles, pero una clase especial de ángeles, que han resultado «degradados», de acuerdo con nuestro lenguaje. Esa opinión aparece desarrollada con cierta extensión en el South English Legendary.4 Cuando Lucifer se rebeló, a él y a sus seguidores los expulsaron al infierno. Pero había también ángeles que somdel tvith him hulde: compañeros de viaje que no se adhirieron efectivamente a la rebelión. A ésos se los confinó en los niveles inferiores y más turbulentos de la región aérea. Permanecen allí hasta el día del juicio, después del cual van al infierno. Y, en tercer lugar, había lo que supongo podríamos llamar un grupo de centro: ángeles que sólo eran somdel in misthought, casi culpables de rebelión, pero no del todo. A ésos se los confinó, a unos en los niveles superiores y más tranquilos del aire; a otros, en diferentes lugares de la Tierra, entre otros el Paraíso terrenal. Tanto el segundo como el tercer grupo comunican a veces con los hombres en sueños. Muchos de aquellos a los que los hombres han visto bailando y a los cuales han dado el nombre de eluene regresarán al cielo el día del juicio.

(3) Que son muertos o alguna clase especial de muertos. Al final del siglo XII, Walter Map en su De nugis Curialium cuenta en dos ocasiones5 la siguiente historia. En su tiempo había una familia llamada «los hijos de la muerta» (filn martuae). Un caballero bretón había enterrado a su esposa, que había muerto real y verdaderamente: re vera mortuam. Posteriormente, al pasar de noche por un valle solitario, la vio viva entre un gran grupo de damas. Se asustó y se preguntó qué estarían haciendo «los duendes» (a fatis), pero se la arrebató a ellos y se la llevó. Vivió feliz durante varios años y tuvo hijos. De igual forma, en la historia de Rosiphelee,6 obra de Gower, el grupo de damas, que son en todos los sentidos exactamente como los duendes superiores, resultan ser mujeres muertas. Boccaccio cuenta la misma historia y Dryden la tomó de él en su Theodore and Honoria. Recuérdese que en Thomas the Rymer el duende lleva a Thomas hasta un lugar donde el camino se divide en tres, que conducen respectivamente al cielo, al infierno y a fair Elfland («la dulce tierra de los duendes»). Algunos de los que lleguen a esta última irán finalmente al infierno, pues el demonio tiene derecho al diez por ciento de ellos cada siete años. En Orfeo el poeta parece no poder decidirse sobre si el lugar donde los duendes han llevado a Dame Heurodis es o no la tierra de los muertos. Al principio todo parece muy claro. Está llena de personas que se supuso habían muerto, pero no era así (389-90). Podemos imaginarlo: algunos de los que pensamos que han muerto están simplemente «con los duendes». Pero poco después resulta estar llena de personas que han muerto realmente: los decapitados, los estrangulados, los ahogados, las que murieron en el parto. (391-400). Más adelante vuelve a citar a los que trajeron los duendes, después de haberlos cogido mientras dormían (401-4).

No hay duda de que se creía que había identidad o estrecha relación entre los duendes y los muertos, pues las brujas confesaban ver a los muertos entre los duendes.7 Naturalmente, las respuestas dadas a preguntas capitales bajo la presión de la tortura no nos dicen nada sobre las creencias del acusado; pero son buenos testimonios de las creencias de los acusadores.

(4) Que son ángeles caídos; en otras palabras, demonios. Esa pasó a ser la opinión casi oficial después de la subida al trono de Jaime I. «Esa clase de demonios que rondan por la Tierra», dice (Daemonologie, III, i), «se puede dividir en cuatro tipos diferentes... el cuarto es ese tipo de espíritus vulgarmente llamados duendes». Burton incluye entre los demonios terrestres: «los lares, los genios, los faunos, los sátiros, las ninfas de los bosques, los diablos, los duendes, Robin el Bueno, los ogros, etc.».8

Esa opinión, que está en estrecha relación con la posterior fobia renacentista hacia las brujas, explica casi totalmente la degradación de los duendes, desde su vitalidad medieval hasta las ridiculeces de Drayton o William Browne. Un olor a cementerio o a azufre llegó a acompañar a cualquier tratamiento de ellos, que evidentemente no era agradable. Shakespeare pudo haber tenido razones prácticas para hacer que Oberón nos asegure que él y sus compañeros eran «espíritus diferentes» de los que tenían que esfumarse al amanecer (Dream, III, ii, 388). Podríamos haber esperado que la ciencia hubiese desterrado a los duendes; pero, creo que en realidad lo que los desterró fue un incremento de la superstición.

Así fueron los esfuerzos para encontrar un hueco en que pudieran encajar los duendes. No se llegó a un acuerdo. Mientras los duendes siguieron existiendo, por poco que fuera, siguieron siendo escurridizos.


NOTAS

1 Ficino, Theologia Platónica de Immortalitate, IV, i.
2 De Nymphis, etc., 1, 2, 3, 6.
3 S. Runciman, History of the Crusades (1954), vol. II, p. 424.
4 Vol. II, pp. 408-10.
5 II, xiii; IV, viii.
6 IV, 1.245 y ss.
7 Latham, op. cit., p. 46.
8 Pt. I, s. 2, M. I, subs. 2.