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id da página: 9538 Maurice Nicoll A PARÁBOLA DO SEMEADOR

Sementes Boa Terra

SEMENTES EM BOA TERRA

A las tres categorías de personas que no pueden lograr una evolución interior porque se las sembró en el mundo en tal forma que les es imposible, siguen otras tres según la definición de la Parábola del Sembrador.

Estas tres categorías constituyen una sola clase de gente. Son las sembradas en buena tierra, las que llevan fruto, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta. En su interpretación. Cristo dice de ellas:

"Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto; y lleva uno a dentó, y otro a sesenta, y otro a treinta." (Mateo, XIII, 23)


En total, la parábola describe cuatro clases de tierra: A una la llama 'junto al camino'; a la segunda, 'pedregales'; a la tercera, la 'espinas'. La cuarta es la 'buena tierra.' La simiente que cae en mala tierra no da frutos. La que cae en buena tierra da tres grados de fruto que se representan con los números 100, 60 y 30. Tomemos nota de la inversión, pues más natural fuera esperar un orden distinto y que culminase con el que da mayor fruto. Esta inversión no aparece en las versiones de Marcos y Lucas. En Marcos se cita a Cristo diciendo: "Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben y hacen fruto, uno a treinta, otro a sesenta y otro a dentó." Y en Lucas: "Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída y llevan fruto en paciencia." (Lucas, VIII, 15)

En su versión de esta parte de la parábola en si. Lucas dice:

"Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fue nacida llevó fruto a dentó por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga." (Lucas, VIII, 8)


La interpretación del propio Cristo varia en cada uno de los Evangelios. Por ejemplo. Lucas parece no entender que es el Hombre mismo a quien se le siembra de un modo diferente. Así, en su interpretación dice: 'y los de junto al camino, éstos son los que oyen' (οι δε παρα την όδον), "y los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo"(οι δε έπι της πετρας), etc. Mateo' y Marcos hablan de gentes sembradas en la vida de distintos modos. A algunas se les siembra junto al camino, a otras en pedregales, etc. Y la palabra de Dios también se siembra en ellas, pero sus resultados son muy distintos. Los Evangelios se escribieron mucho tiempo después de haber muerto Cristo. Lucas jamás le conoció. Era discípulo de Pablo, y Pablo tampoco recibió enseñanza directamente de Cristo. Es posible que Pablo aprendiese en alguna escuela cerca de Damasco. Cuanto más allegado está un Evangelio a la fuente original de la enseñanza, tanto más rico es su lenguaje de parábolas. Si estudiamos la curiosa inversión de cifras en Mateo como si poseyeran un significado que no entendieron ni Marcos, ni Lucas, tal vez diríamos que el de Mateo es el evangelio más allegado a la enseñanza original. Pero, por lo general, se considera que es el de Marcos el más original. Los primeros tres Evangelios se llaman sinópticos. Pero esto no quiere decir que fueran escritos por testigos presénciales, como por lo común se presume. Significa que los tres coinciden en mucho. Y esto es lo que los diferencia del de Juan. Si el Evangelio de Mateo lo escribió el propio discípulo Mateo, originalmente Leví el publicano, entonces seria el único escrito por un testigo presencial de Cristo. Marcos y Lucas o no habían nacido o eran muy niños cuando murió Cristo. Es preciso tener siempre presente que el conocimiento de la enseñanza que impartía Jesús se conservaba en escuelas. La enseñanza era oral y se la mantenía viva. La fecha de su primera publicación escrita es cosa secundaria. La enseñanza acerca de la posible evolución interior del hombre, y acerca de su verdadero significado en la tierra, se ha mantenido siempre en escuelas, y así se ha podido conservarla a través del tiempo. Surge con ciertos intervalos fijos, o más bien en ciertos períodos históricos, ya sea en forma religiosa o de otra clase. Su finalidad es dar un impulso a la humanidad para elevarla por encima de la barbarie hada la cual tiende a caer si se la desampara. Esta enseñanza posibilita el desarrollo del arte, de la ciencia, de la literatura, y de este modo eleva las gentes a cierto 'nivel normal' de comprensión. Y este nivel de normalidad es el que las gentes han de alcanzar, al menos algunas, antes de que siquiera se haga posible plantear la idea de una evolución interior.

Lo que llamamos 'cultura cristiana', en la que históricamente, al menos, han podido surgir varios movimientos de arte, literatura, filosofía y ciencia, comenzó en parte con el impulso que dio el drama de Cristo que se representó tan cuidadosamente; y en parte gradas al trabajo de muchos hombres anteriores y posteriores a Cristo. Aun cuando sea muy cierto decir que no ha habido verdaderos cristianos (o sea personas que hayan alcanzado la evolución interior que alcanzó Cristo al pasar por una infinidad de tentaciones y sufrimientos además de la crucifixión), no hemos de olvidar que este impulso fue el origen de una gradual organización de la vida del Hombre y que, externamente al menos, lo elevó por encima de una condición de barbarie e hizo posible cierto grado de civilización.