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id da página: 8323 Opificio Mundi XXIV

Opificio Mundi XXIV


Fuente: Filon. Obras completas de Filon de Alejandría, en 5 volúmenes traducidos del griego al español por José María Triviño. (Buenos Aires: Acervo Cultural / Editores, 1975.) De Opificio Mundi: vol. 1

72. XXIV. No estaría desacertado quien se plantease la pregunta de por qué razón atribuye Moisés la creación del hombre no a un solo Creador como en el caso de las demás criaturas, sino a un mayor número, según parece desprenderse del texto. Presenta, efectivamente, al Padre del universo expresándose de esta manera: "Hagamos al hombre según nuestra imagen y semejanza." (Gén. 1, 26.)1 Por ventura, entonces, diría yo, Aquél al que todas las cosas están sujetas, ¿tiene necesidad de otro alguno? Si cuando creaba el cielo, la tierra y el mar no tuvo necesidad de nadie que cooperara con Él, ¿no habría de ser capaz, sin la colaboración de otros, de crear por Sí mismo, Él personalmente, a una criatura tan débil y perecedera como el hombre? La verdad plena sobre la causa de ello por fuerza sólo Dios la sabe, pero la que parece por verosímil ser una conjetura digna de fe y razonable no hemos de omitir mencionarla.

73. Es la siguiente: de los demás seres creados unos no tienen parte ni en la virtud ni en el vicio, como ocurre con los vegetales y los animales irracionales, ya que los primeros carecen de vida animada y se desenvuelven regidos por una naturaleza incapaz de percibir sensorialmente; los segundos porque han sido privados de inteligencia y razón, y la inteligencia y la razón son como la residencia de la virtud y del vicio, a los que la naturaleza ha hecho para habitar en ellas. Otros, a su vez, participan sólo de la virtud, permaneciendo libres de todo vicio: tales los astros. Se dice, en efecto, que éstos no sólo son criaturas animadas sino criaturas animadas inteligentes; o más bien, que cada uno de ellos constituye de por sí una inteligencia, totalmente recta en todos los aspectos y al abrigo de todo mal. Otros son de naturaleza mixta, como el ser humano, que admite las condiciones opuestas: sabiduría e insensatez, prudencia e incontinencia, valentía y cobardía, justicia e injusticia, y, resumiendo, cosas buenas y malas, nobles y ruines, virtud y vicio.

74. Pues bien, en razón del parentesco de las criaturas excelentes con Dios, Padre del universo, muy propio de Él era el crearlas. En cuanto a las indiferentes, no le era ajeno el hacerlo, por cuanto también éstas se hallan exentas del vicio, que es Su enemigo; pero crear las de naturaleza mixta era propio de Él en determinado aspecto, en otro no. Le era propio por cuanto en su composición está contenido un principio superior; pero ajeno a causa del principio contrario e inferior.

75. Ésta es la causa por la que sólo en el caso de la creación del hombre Dios, según afirma Moisés, dijo "hagamos", plural que revela la coparticipación de otros como colaboradores. El objeto fue que, cuando el hombre obrara rectamente, con irreprochables designios y acciones, Dios, el Soberano del universo, fuera reconocido como el origen de ellos; y en los casos contrarios la responsabilidad fuera atribuida a otros del número de Sus subordinados; ya que no era posible que el Padre fuera causa de mal para Sus hijos, y el vicio y los actos viciosos son un mal.

76. Después de haber llamado “hombre” al género, muy acertadamente distingue Moisés sus especies diciendo que había sido creado “masculino y femenino”, no obstante que aún no habían adquirido forma sus miembros particulares.2 Es que las especies más inmediatas al género existen desde el comienzo en él, y se muestran claramente, como en un espejo, a aquellos que poseen agudeza de visión.


Notas

1 Obsérvense los plurales "hagamos" y "nuestra" (pluralidad de poseedores), que dan pie a la deducción de Filon.
2 La aclaración de Filon viene a propósito de que el párrafo bíblico dice textualmente: “Y creó Dios al hombre según Su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó.” Filon sostiene que esta creación no es la del primer hombre y la primera mujer individuales, mortales, con cuerpo y alma, cuya creación tendrá lugar más tarde; sino de la forma ejemplar, género o arquetipo de orden intelectual de la raza humana, en el que las especies, es decir, los varones y las mujeres estaban potencialmente determinados o contenidos para que posteriormente se concretaran en los hombres y mujeres individuales. Ver 134 y ss.