Antonio Orbe: ORIGEM DO CORPO
Hablando de la causalidad 'por la palabra' y 'por las manos', en su aplicación escrituraria al hombre, Tertuliano escribe:
'Todo fue hecho mediante la
palabra de Dios y nada sin ella' (Io 1,3). Pero la carne cuajó con la
palabra de Dios a causa de la forma ('propter formam'), para que nada surgiera sin la palabra — 'Hagamos al hombre', comienza por decir — , y además con su mano a causa de la primacía ("propter praelationem'), para que no fuese comparada al resto de las cosas. 'Y plasmó Dios al hombre', dice. Gran diferencia sin duda conforme a la condición de los seres. Porque las cosas creadas eran menores que aquel para quien fueron creadas, y eran creadas para el hombre, a quien después fueron entregadas por Dios. Con razón, pues, como siervas, todas las cosas surgieron con un mandato y una orden y la sola autoridad oral; en cambio, el hombre, como señor de ellas, fue establecido por Dios precisamente para que pueda ser señor, mientras dependa del Señor.
El africano compagina las dos creaciones, oral 'por la palabra' y manual 'por medio de la mano de Dios'. La una, a causa de la forma, porque el Verbo, origen de todas las formas, tuvo que intervenir para dar origen a la forma del hombre. La otra, a causa de la primacía, por un privilegio condigno al rey de la creación
.
Esta segunda idea enlaza con las líneas de San Ireneo en la Epideixis:
El (= el
Padre) es quien, mediante su palabra, dio existencia al mundo entero. Y en este mundo hay también ángeles. Empero, al hombre, El lo plasmó con sus
propias manos, tomando de la
tierra lo que hay de más puro y fino y mezclando con (justa) medida en la
tierra su potencia. Y, en efecto, dibujó sobre la carne modelada su propia forma, de suerte que aun lo que es el aspecto suyo visible llevara la forma de Dios. Porque el hombre creado ha sido puesto sobre la tierra como imagen de Dios.
El cuerpo humano contrasta con las demás creaturas, incluso angélicas. A éstas las llamó el Creador a la existencia mediante la sola palabra, al conjuro de su poderosa voz. Al cuerpo del hombre le modeló entre sus manos, con un mimo particular. No quiso Dios encomendar a su Palabra omnipotente — forma universal de todas las formas — la configuración de lo más humilde, el cuerpo, del hombre. Ni se la delegó a los ángeles o arcángeles, ministros suyos naturales.
La eficacia universal del Verbo sigue su camino.
Hay que creer primeramente que hay un Dios, el
Padre, el cual creó y organizó el conjunto de los seres e hizo existir lo que no era, y conteniendo el conjunto de los seres es el único incontenible. En tal conjunto se halla igualmente este mundo nuestro, y en el mundo, el hombre. También, pues, este mundo fue formado por Dios.
NOTAS: