CITAÇÕES DOS PADRES — NOSSO SITE FRANCÊS
Raimundo Lulio
DO NASCIMENTO DO MENINO JESUS (Tradução de Sérgio Alcides e Ronald Polito)
Capítulo II Segunda Dama
Em seguida exclamou Oração:
- Oh, como estou triste e transtornada, porque tantas vezes os homens me pedem que adore Deus (digníssimo de ser adorado: altíssimo pela sua bondade, grandeza e poder, eterno sem mudanças, sapientíssimo na verdade, boníssimo por sua vontade e perfeitíssimo na sua glória), para que, antes da glória eterna, a eles conceda e outorgue em abundância os bens da terra. Grande maravilha é que Deus possa suportar tal coisa de mim, e ainda me deixe viver. Ah, se nunca os homens houvessem conhecido o meu nome, nem eu houvesse jamais tido notícia dos homens!
E isto dizendo, chorou Oração.
Capítulo IX Da Oração
- Adoro — disse Oração — o Menino abençoado, Deus e homem, a sua divindade, a sua humanidade e todo o bem que há n'Ele, já que a Ele toda adoração, objetiva e finalmente, deve ser endereçada. Adoro n'Ele a soberana bondade, a soberana grandeza e todas as demais qualidades incriadas; e, sendo Ele homem, adoro também essas mesmas qualidades tal como foram criadas; e como todas as coisas foram feitas por Ele, adoro o seu entendimento, e a sua boa vontade adoro, e qualquer outra ação sua; e a Ele ofereço toda a minha inteligência, todo o meu poder e todo o meu agir, e, se mais pudesse, mais diria para a sua glória e a sua honra. Adoro o Menino que há de sofrer a paixão, há de ser sepultado e há de ressuscitar no terceiro dia, e com toda a glória d'Ele adoro também a bem-aventurada Virgem, sua sacratíssima Mãe.
Juan de la Cruz
SÃO JOÃO DA CRUZ: ORAÇÃO
oración
Dom Columba Marmion
En materia de método, el que ayuda a un alma puede molestar a otra.-La experiencia demuestra que muchas almas que tiene facilidad para conversar habitual y sencillamente con Dios, sacando mucho fruto, se verían torturadas si se las quisiese someter a tal o cual método. Cada alma, pues, ha de examinarse antes de imponerse a sí misma el mejor método de conversar con Dios, debe, por una parte, apreciar sus aptitudes, sus disposiciones, sus gustos, sus aspiraciones, su género de vida; tratar de conocer el impulso del Espíritu Santo; tener en cuenta sus progresos en la vida espiritual. Debe, por otra, ser dócil y responder con generosidad a la gracia de Cristo y a la acción del Espíritu Santo. Encontrado el camino que más le conviene, después de varios tanteos inevitables en los principios, el alma debe seguirlo fielmente, hasta que el Espíritu Santo la conduzca a otro camino; esto es una garantía de fecundidad.
Otro punto, que considero muy importante y que guarda íntima relación con el precedente, es el de no confundir la esencia de la oración con los métodos (sean cuales fueren) de que nos sirvamos para hacerla.- Almas hay que llegan a persuadirse de que si no siguen tal o cual método, no harán oración; hay en esto una confusión de ideas que puede acarrear graves consecuencias. Por haber confundido la esencia de la oración con el empleo del método, esas almas no se atreven a cambiarlo, aun cuando reconocen que el que tienen les sirve de obstáculo o les es completamente inútil; o bien, lo que ocurre con más frecuencia, encontrando el método molesto, lo abandonan sin reparo, y, junto con él, la oración, y esto con gran detrimento de su alma.-Una cosa es el método y otra la oración: aquél debe variar según las disposiciones y necesidades de las almas; mientras que ésta (quiero decir, la oracion ordinaria) esencialmente ha de ser siempre la misma para todas las almas: conversación mediante la cual el corazón del hijo de Dios se explaya ante su Padre celestial. y le escucha para agradarle. El método, sosteniendo al espíritu, ayuda al alma en su unión con Dios; es un medio, pero no debe llegar a ser un obstáculo. Si tal método ilumilla la inteligencia, enardece la voluntad y la lleva a entregarse a las inspiraciones divinas y a derramarse íntimamente en presencia de Dios, será buen método, pero no debe seguirse cuando contraria realmente la inclinación del alma, cuando la agita y priva de todo progreso en la vida espiritual; ni tampoco cuando, a causa de los progresos del alma, viene ya a resultar inútil.