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id da página: 2469 Maurice Nicoll O HOMEM NOVO Maurice Nicoll

Nicoll Enfermo de Bezata


En la parábola acerca del hombre milagrosamente sanado en el estanque de Bethesda, se dice que Jesús le habló. Significa esto que el Bien del conocimiento (gnosis — episteme) que el hombre ya poseía le habló interiormente. Toda enseñanza que corresponde al nivel superior del hombre tiene que ser iniciada con el aspecto de la Verdad antes que pueda comprenderse su Bien. Aquí, Jesús actúa como el Bien de la enseñanza acerca de la evolución propia, algo que el hombre enfermo conocía porque no estaba totalmente entregado a la vida exterior, sino que se había retraído de su poder, de suerte que se encontraba tras los cinco portales de los sentidos y mirando anhelante las milagrosas aguas que podían sanarle. Jesús da a este hombre la voluntad de obrar conforme a lo que ya conoce como Verdad, haciéndole ver el Bien de ello. Y como toda Verdad, para que sea tal, debe encaminar a su propio Bien, y como esto ocurre por etapas, paso a paso hasta que la comprensión de la Verdad conduce al Bien final de sí misma, se dice que Jesús, representando la comprensión del Bien final de la, Verdad, también cura o sana al final o en el séptimo día. Representando el Bien de la enseñanza de Cristo, Jesús sana en el sábado. Los judíos aparecen objetando este hecho; y se les presenta en esta actitud por muchas razones, una de las cuales es que se trata de gente que se sujeta únicamente a la Verdad, sin importarle el Bien a que puede conducirle. Pero este pasaje no se refiere a los judíos como a un pueblo que se aferra literalmente a las leyes mosaicas. Significa que se trata de personas que no pueden ir más allá del conocimiento (gnosis — episteme) en sí mismo, y que discuten y argumentan apoyándose únicamente en la Verdad, en las doctrinas y en las teorías, y el Bien por sí mismo no les interesa para nada. El Bien que produce el conocimiento (gnosis — episteme), el Bien de la Verdad, es un estado o condición sumamente difícil de alcanzar. Pero una vez que el hombre lo obtiene, comienza á obrar desde la etapa final de la Verdad, que es la primera etapa del Bien; en esta etapa, el significado y el sentido inferior y la conexión de todo lo que paso a paso se le ha enseñado, se convierte en una realización. Entonces es cuando la Verdad queda transformada en el Bien de sí misma. Aquí el hombre ya deja de pensar en las etapas de la Verdad que le condujeron a este nivel superior del Bien; es ésta una clara percepción interna de todo cuanto es el Bien de lo que ha aprendido. Ahora actuará instantáneamente a través del sentimiento del Bien. No tendrá que consultar ni recordar la Verdad. Si la Verdad, si el conocimiento (gnosis — episteme) no conduce a la bondad o al uso de él, que es su socio genuino, ¿para qué estudiar cualquier verdad, cualesquier conocimientos? El saber es algo interminable a menos que conduzca a su propia meta, que es el Bien. Este es la culminación de la Verdad. De tal manera, pues, que Jesús como Bien se localiza en la culminación de la Verdad, se encuentra ahí donde la Verdad pasa a la percepción de su propio Bien y encuentra su verdadera unión. Aquí, como tal, siempre realiza los milagros que transforman la Verdad en Bien, de modo que sana a los enfermos, a los cojos, a los secos, a los ciegos, o sea a quienes se apoyan únicamente en la Verdad y no pueden siquiera comenzar a ver que toda doctrina, toda Verdad, todo conocimiento (gnosis — episteme) tiene que conducir al Bien si va a tener algún significado. Seguir el camino del conocimiento (gnosis — episteme) por el conocimiento (gnosis — episteme) mismo es sencillamente no comprender el significado de la vida y de si mismo, y tampoco el del universo. Pues si se le entiende psicológicamente, el universo es tanto el Bien como la Verdad de las cosas. Cuando el hombre obra del Bien de cualquier cosa que conozca, lo hará directamente de su propia voluntad, de lo que en lo íntimo quiere, porque todos queremos el Bien pero pensamos la Verdad.

En el milagro del estanque de Bethesda, el hombre, que únicamente sentía la Verdad de una enseñanza más allá de la vida de este mundo, no podía conseguir que su voluntad o su sentido del Bien obrase primero. Yacía demasiado cerca de lo sensorio, demasiado cerca del significado literal del Verbo de Dios. Pero miraba hacia el sentido de lo milagroso, veía el estanque cuyas aguas las removía un ángel; mas no podía asirlo. Yacía acostado en la Verdad, pero no podía andar erguido en ella. El hombre observó el Bien de todo cuando sólo conocía como Verdad. Después, su voluntad y su deseo pasaron a todo cuanto sabía y así comenzó a vivir su Verdad como el Bien. La Verdad viene primero, porque así tiene que ser. El hombre tiene que aprender primero la Verdad. Pero el Bien de la Verdad es antes que ésta misma, pues toda Verdad únicamente puede venir del Bien. De suerte que la Verdad es en realidad después de su propio Bien. Pero en el tiempo y e! espacio el hombre tiene que aprender todas las cosas al revés; tenemos que aprender la Verdad antes de poder percibir y alcanzar su Bien. El hombre que yacía en la Verdad al borde del estanque de Bethesda había colocado la Verdad primero y seguía haciéndolo, de modo que siempre estaba en segundo lugar, siempre estaba atrasado. Y se hallaba en segundo lugar porque había puesto la Verdad primero. Jesús, como la realización del Bien de la Verdad, le curó. Entonces el hombre puso el Bien primero y la Verdad segundo, y fue sanado. Este milagro trata acerca de la profunda cuestión de los primeros, los postreros y su reversión. Y esta reversión hace que el Bien sea lo primero y la Verdad lo segundo. Entonces el hombre queda íntegramente sano por cuanto la integridad de la Verdad estriba en darse plena cuenta de su propio Bien. Más que cualquier otra cosa, este milagro significa que por mucho que el hombre conozca la Verdad, por mucho que sepa, no puede obrar de ella con su voluntad a menos que vea su Bien; y ésta es la única etapa de la Verdad que se llama el sábado en la que el Bien llega primero. De modo que el hombre peca al permanecer en la Verdad únicamente, tomando la Verdad como lo primero. Yerra su meta al tomar la Verdad como si fuese una finalidad en sí misma. Coloca la Verdad antes, pero no la coloca como un mero medio para llegar al Bien. De esta suerte. Jesús le dice: "No peques más". En el griego, esto significa: "No yerres más el blanco". Traducido del griego, pecar quiere decir "errar el blanco". Y en esta parábola o milagro, errar el blanco o "pecar" se refiere al hecho de poner la Verdad primero y no advertir que se trata tan sólo de un medio para llegar a un objetivo, para dar en un blanco el cual es el Bien de la Verdad y la práctica de la Verdad partiendo del Bien hacia el que ella conduce al hombre, y no partiendo de la Verdad misma como mera Verdad, como una mera doctrina o ritual. El hombre que obra únicamente desde la Verdad, desde la doctrina, desde el ritual, es un hombre que peca. O sea que es un hombre que pasa por alto la idea misma de toda enseñanza acerca de la evolución interior, acerca del renacimiento, acerca de la regeneración. Pasa por alto el objetivo mismo de los Evangelios. Consideremos durante un momento a todos aquellos que en la historia han actuado desde la Verdad, pero sin su Bien. Consideremos la historia religiosa y todos sus horrores, sus odios. Y luego pensemos que el verdadero sentido del pecado es errar el blanco. Jesús sanó al hombre enfermo en el estanque de Bethesda (que significa la Casa de la Misericordia). Cuando en el hombre viene primero el Bien, actúa desde la misericordia y de la gracia. Entonces sana íntegramente, queda integrado. Y una vez integrado ya no puede errar el blanco. Cuando Jesús se aleja de él, tras haberle sanado, le dice: "He aquí, has sido sanado; no peques más".