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Totemismo Musical

Marius Schneider — Origem Musical dos Animais-Símbolos

Totemismo Musical

Pero, para el pensar místico primitivo tal imitación de la voz de la rana por la voz humana no sería posible, si el ser humano no tuviera algún parentesco, algún ritmo común, con esos animales. Un individuo cuya voz posee una facultad sobresaliente de croar como las ranas, tiene que descender de la familia de las ranas, de igual modo que otro con voz de león debe tener un abolengo leonino. Tal parece ser la concepción básica en las culturas pretotemísticas, es decir, en aquellas culturas de cazadores primitivos que consideran a los animales como encarnaciones místicas de los antepasados, o sea, como dioses protectores de la tribu. Esta idea perdura también hasta cierto grado en las culturas totemísticas propiamente dichas (en las cuales toda la organización social está determinada por esta ideología) e incluso en las civilizaciones de los agricultores. Pero poco a poco los animales, en vez de pasar por ser encarnaciones de los antepasados o de dioses protectores, sólo se considerarán como encarnaciones de espíritus con determinadas cualidades (valor guerrero, potencia de fecundación, etc.) para los cuales estos seres gozan de la misma veneración que los antepasados o los dioses protectores. Ambas creencias coexisten en las culturas medias de los agricultores.

Al oír hablar a éstos se recibe muchas veces la impresión de que estos hombres, como individuos, no parecen estar convencidos de que el ser humano debe ser el amo de la tierra y que, en opinión suya, el gobierno de la tierra tal vez tiene que ser repartido con derechos iguales entre los hombres y los animales. Por mucho que la sociedad, en su evolución progresiva huya o combata a los animales, el individuo sigue sosteniendo con cilios otras relaciones más primitivas, relaciones que en rigor pueden estrecharse hasta estar en colisión con la sociedad. Estos hombres parecen experimentar un sentimiento muy íntimo, una relación sumamente biológica de calor maternal con los animales, no obstante saberse separados de ellos por un infranqueable foso. En tanto que individuo, un fuerte cariño parece unir al hombre con su animal-tótem, cuya sangre es la sangre de sus antepasados o de su espíritu protector; pero, como miembro de la sociedad, un sentimiento muy difuso y de orden diferente parece oponerse también a este ritmo común que le une a su animal-tótem. Sea como fuere, es seguro que el animal-tótem forma un ideal para él. Veremos más adelante en qué consiste este ideal1 . Transformándose así la cultura no tarda la sociedad en apoderarse del totemismo individual y en imponerle la forma del totemismo de grupos o de tribu (Gruppentotemismus, Stammestotemismus). De aquí en adelante importa más la opinión de la comunidad que la volición individual. Ya, al nacer el niño, la comunidad decide acerca de su parentesco animal. Como en la China antigua, así también actualmente en Africa ecuatorial se obs.erva con extremado cuidado el primer grito del niño, a fin de reconocer por el timbre y el ritmo de su voz la «melodía de su persona» y el antepasado o el tipo animal que se manifiesta en él. Determinado este parentesco, recibe el niño su nombre adecuado, secreto y desconocido incluso para el niño mismo hasta su edad de iniciación. Cuando llega a la pubertad y se verifica la muda de voz, el joven recibe un nombre nuevo, el cual corresponde al animal que mejor parece expresarse en esta «voz nueva». Así es corno se lo denominarán en la sociedad de los adultos. Para la identificación del parentesco animal también se toman en cuenta como índices el ritmo ambulatorio, las facciones, la disposición de los dientes, la forma de las manos y de los pies, el color y el aspecto general del individuo; y son muchos los casos en que este individuo no sólo manifiesta su abolengo místico por medio de su voz, sino que asimismo imita a su animal-tótem en el andar, comer y en otros rasgos-característicos de su modo de vivir.


NOTAS

1 Sentimos alegar precisamente documentos africanos para tratar del problema del totemismo. Pero apúntenlos que los rasgos totemísticos perduran mucho más en la cultura musical que en los otros dominios de la civilización africana.