SEMENTES AO LONGO DO CAMINHO...
La primera categoría que describe la parábola del Sembrador es el que cayó junto al camino. Este hombre no puede entender las ideas esotéricas, o las entiende mal y las falsea. Como semillas, las gentes son sembradas en la vida de modos diferentes y su poder de comprensión varia según el lugar en que se les sembró.
Ahora hemos de pensar acerca de la extraña idea de que se siembra a los hombres de diferentes modos en la tierra. Hemos de pensar a la luz de lo que dice la parábola según Mateo. Citaré una vez más la primera parte:
Tras haber contestado la pregunta que le hicieron los discípulos de por qué hablaba en parábolas, y tras haberles dicho que a -ellos les era concedido saber los misterios del reino de los cielos, Jesús agrega:
La última frase es muy extraña: 'este es el que fue sembrado junto al camino.' Extraña, porque significa que al Hombre se le siembra de diferentes maneras en el mundo. Es decir, no todos tienen la misma oportunidad de entender lo esotérico. Ya Jesús ha dicho que la multitud, las gentes, no pueden saber de los misterios del reino de los cielos, pero que sí pueden saberlo los discípulos. Les ha dicho: 'Mas bienaventurados vuestros ojos porque ven; y vuestros oídos porque oyen', (V. 16)
Esto, por cierto, no se refiere ni a ojos ni a oídos materiales, no se refiere a los órganos de los sentidos. Los ojos significan la percepción interna, y los oídos, capacidad para percibir con las emociones. La mente es lo único que puede reconocer la verdad de una cosa, y las emociones pueden medir su valor y bondad. Pero en su propia interpretación de esta parábola Jesús destaca la idea de que sólo unos cuantos entre muchos pueden captar y seguir su enseñanza. Y define clases o categorías de gentes. La primera es aquella que oye la palabra (la enseñanza de las ideas esotéricas, la idea del hombre consciente y la de la propia evolución hada el estado que se llama el reino de los cielos y que es el círculo consciente de la Humanidad) y que no entiende nada. Lleva ojos y oídos abiertos a la vida, a las cosas de los sentidos. O sea que intelectual y emocionalmente sólo saben del mundo. Pero no tienen la culpa de ser así. Se dice que éstos son los sembrados junto al camino. Yacen por entero en la vida. Como lo dice la enseñanza de Sócrates, estos hombres están pegados a los sentidos. Las ideas que van más allá de los sentidos les están vedadas porque sólo pueden pensar natural, literalmente, en términos de las cosas. Este es un hecho que se acentúa mucho en el lenguaje de las parábolas que estamos estudiando. La versión de Lucas (VIII, 5) dice: "Uno que sembraba salió a sembrar sus simientes; y sembrando, una parte cayó junto al camino y fue hollada, y las aves del cielo la comieron."
Ha de notarse que esta versión agrega una frase a la que se da en Mateo; una parte cayó junto al camino 'y fue hollada'. ¿Qué es esto de hollar? Se huella con la planta del pie. El hombre toca el mundo material, el que registran sus sentidos, con la planta del pie. Y en el lenguaje de las parábolas esto significa el nivel más literal, natural, externo y sensual de la mente humana. Se refiere a la mente que piensa apoyándose en lo externo. El rito del lavado de pies significa haber lavado la mente, haberla librado de las taladas de los sentidos, de lo aparente. En Juan (XIII, 17), tras haberles lavado los pies. Jesús dice a sus discípulos: 'Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. Pues si yo, el señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: el siervo no es más que su señor, ni el apóstol es mayor qué el que le envió. Si sabéis estas cosas bienaventurados seréis, si las hiciereis.'
Pero si el hombre no piensa ni entiende sino lo que le muestran los sentidos, no puede lavar su mente natural. Todavía no puede pensar ni entender lo que tratan las ideas esotéricas. Es necesario tener presente en todo momento que el esoterismo comienza partiendo de algo que los sentidos externos no muestran. Proviene de lo invisible en uno mismo. No empieza con la observación del mundo exterior, sino con la observación de sí mismo, con el mundo invisible que cada cual lleva en sí. Creo que os haría mucho bien procurar daros cuenta de lo que aquí se quiere decir con que la propia observación no es asunto de los ojos físicos, ni del oído físico, ni algo que se ha de palpar. Es un asunto interno, que dista mucho de los sentidos. Cuando Cristo dijo (Lucas, XVII-20): 'El reino de Dios no vendrá con advertencia', se refirió a que no es cosa de los sentidos, no es algo que podamos advertir por fuera, sino algo interno, un estado de evolución interior por sobre nosotros, o por encima de nosotros, y en nosotros, en la escala vertical del posible conocimiento del ser. Esta escala comienza con la propia observación a la luz de las ideas de la enseñanza esotérica. Entonces se empieza a entender por qué, siendo uno tal cual es, el Reino de los Cielos es inalcanzable y se necesita un largo período de trabajo en sí mismo antes de poder siquiera soñar con semejante logro. ¡Cuan lejos estamos del Reino de los Cielos! Pero ¡cuan maravilloso es comenzar a ver el camino que hacia él conduce! Y esto es lo que las ideas esotéricas pueden mostrar a quien las busque y atesore. Cosa maravillosa es comprender que la bondad maquinal no puede conducir sino a la maldad maquinal. Y también es maravilloso darse cuenta de lo que significa luchar contra la propia maquinalidad.