Skip to main content
id da página: 7486 Marius Schneider ORIGEM MUSICAL DOS ANIMAIS SÍMBOLOS

Psicologia Primitiva

Psicologia Primitiva. Observação de totalidades dinâmicas.

Para comprender dicho fenómeno de reducción de todas las impresiones sensoriales al plano acústico, hay que aclarar primeramente unos rasgos capitales de la psicología de los pueblos llamados primitivos, cuya cultura material seguramente es muy pobre, mientras que su cultura mental posee una originalidad y finura sorprendentes.

El hombre primitivo es muy observador. Su don de observación, que ya se manifiesta tan claramente en la vida social, parece formarse y alcanzar su cumbre durante los largos ratos que suele pasar solo en la selva. Mas no observa de la misma manera que nosotros; no capta primeramente lo elemental o las formas estáticas, sino totalidades complejas y dinámicas. Concibe las formas rítmicas como nosotros podemos, en un día de descanso, mirar (pero no observar) el juego de las nubes. Estas impresiones puramente sensoriales se imprimen en su espíritu como imágenes sin otra relación mutua que la del tiempo que pasa. Unos ritmos son uniformes; otros van acelerándose o se esfuman en un juego desarrollado en el tiempo, sin que uno sea la causa del otro.

El hombre primitivo no suele analizar lo que ve; percibe cada fenómeno como una totalidad, es decir, como una forma rítmica indisoluble1 . Esta forma se halla generalmente en un conjunto que podríamos denominar «polifónico». Constituye un «tenor» rodeado de ritmos secundarios (voces acompañantes) que resultan del ambiente sensorial y emocional en el cual se presenta el objeto observado. Merced a la acción simultánea de todas estas voces se forma una «situación entera» (una armonía de diferentes voces), es decir, una totalidad creada por la colaboración de todas las impresiones sensoriales bajo el predominio de una impresión sensorial conductora. Así, por ejemplo, la forma rítmica específica que presenta ante la vista la caída revoloteante de una hoja seca, en la conciencia del observador se impregna también de ritmos sensoriales secundarios más o menos contiguos (la emoción del momento, el color de la hoja, la luz del día en aquel momento, el olor, etc.), que sólo en parte emanan directamente del ritmo específico de la caída observada. En su mayoría, estos ritmos secundarios sólo reflejan el ambiente general, sin que tengan nada que ver con el ritmo específico del «tenor».

Los ritmos que más llaman la atención del primitivo son los ritmos periódicos de la Naturaleza. Frente a este cambio perpetuo que sufren todos los seres vivos y toda la Naturaleza, el pensar místico primitivo se niega a admitir que un objeto, capaz de variar continuamente de aspecto, pueda ser un valor real y constante. La inconstancia de los objetos le hacen dudar de su realidad. Por lo tanto, a dos objetos muy diferentes los declara sin vacilar como emparentados o idénticos, sólo por el hecho de reflejar un movimiento análogo, esto es, un ritmo común (el factor S).