SOBRE LOS QUERUBINES, LA ESPADA FLAMÍGERA Y CAÍN, PRIMER HOMBRE NACIDO DE HOMBRE (DE CHERUBIM)
Excertos da tradução em espanhol de JOSÉ MARÍA TRIVIÑO
Festas
XXVII. Hemos además demostrado que el celebrar fiestas es exclusivo de Dios; y que, por lo tanto, los sábados y las demás fiestas son fiestas solamente de la Causa y no de hombre alguno en absoluto.
91. Porque, consideremos, si quieres, nuestras celebradas reuniones festivas. Descartemos todas aquellas que han sido instituidas como resultado de ficciones míticas entre los pueblos bárbaros y los helenos, entre unos unas, entre otros otras, sin otro propósito que la vacua vanidad. Porque no alcanzaría la vida entera de los hombres para detallar las extravagancias propias de cada una de ellas. Con todo, algo podría decirse de todas conjuntamente sin extenderse demasiado, unas pocas palabras; y hemos de decirlas teniendo en cuenta sus ventajas.
92. En la totalidad de los festejos y celebraciones que tienen lugar entre los hombres, los hechos que despiertan admiración y apetitos son éstos: libertad sin trabas, desenfreno, holganza, excitación, embriaguez, festines, molicie, languidez, encuentros y festejos nocturnos, placeres indecorosos, lascivia a pleno día, insolencias violentísimas, empleo de las horas en actos de incontinencia, cultivo de la insensatez, preocupación por hacer bajezas, degradación total de lo noble, nocturnos trabajos en aras de los insaciables deseos, sueño durante el día, cuando es el momento de estar despierto, lo que significa obrar en contradicción con el orden natural.
93. En tales ocasiones mientras la virtud es objeto de irrisión, y tenida por cosa dañosa; el vicio, en cambio, es arrebatado con avidez, como algo provechoso; mientras las cosas que merecen practicarse son tenidas en menos, las que deben evitarse, son bien consideradas; mientras la música, la filosofía y toda cultura, imágenes verdaderamente divinas del alma Divina, permanecen calladas, alzan su voz aquellas artes, vehículos de corrupción, que procuran placeres al vientre y a los órganos que están más allá de éste.
94. XXVIII. Tales son las fiestas de aquellos a los que se titula felices. Y mientras sus actitudes indecorosas se limiten a las casas y lugares profanos, menores me parecen sus faltas; pero cuando el desenfreno, como un torrente en avance, se lanza en todas las direcciones, e invade y viola los más santos lugares, no tarda en desvirtuar cuanto hay de santo en ellos consumando así sacrificios impíos, ofrendas ilegítimas, votos incumplidos, ritos sacrílegos, misterios profanados; y mostrando una piedad bastarda, una santidad adulterada, una pureza mancillada, una verdad falseada, un cuidado de Dios que es bufonada.1
95. Además purifican sus cuerpos con lustraciones y purificaciones; pero en cuanto a limpiar las pasiones de sus almas, pasiones que manchan la vida, ni lo quieren ni se preocupan. Muestran celo por ir a los templos con ropas blancas cubiertos de vestidos inmaculados, mas no se avergüenzan de ir hasta el mismo santuario llevando la inteligencia manchada.
96. Y mientras, si se descubre que algún animal no es perfecto e íntegro, es sacado del recinto consagrado, no permitiéndose que sea acercado a los altares, no obstante que en ningún caso el estar señalado por defectos corporales ha dependido de la voluntad del animal; en cambio, ellos, llevando sus almas cubiertas por llagas de penosas enfermedades que la potencia irresistible del vicio les ha producido; o más bien, mutilados, amputados de sus más nobles partes: la prudencia, la fortaleza, la justicia, la piedad y las otras virtudes que la naturaleza humana es capaz de cultivar; habiéndose llenado de impurezas por voluntaria determinación, se atreven a realizar actos de culto, seguros de que los ojos de Dios ven solamente lo exterior con ayuda de la luz solar, y sin considerar que, antes aún que las cosas visibles, contempla Él las invisibles empleando para ello Su propia claridad.
97. En efecto, la vista del Que Es no necesita de otra luz para la aprehensión, y Él mismo, siendo la luz arquetipo, emite incontables rayos, ninguno de los cuales es perceptible por los sentidos, y sí aprehensibles por la inteligencia todos. De allí que también solo Dios, que es aprehensible por la inteligencia, haga uso de ellos y ninguno de los seres que tienen asignada una parte en la creación los aproveche, ya que lo creado es de orden sensible y la naturaleza de orden intelectual no es perceptible por los sentidos.
NOTAS