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id da página: 8325 Opificio Mundi XXVI

Opificio Mundi XXVI


Fuente: Filon. Obras completas de Filon de Alejandría, en 5 volúmenes traducidos del griego al español por José María Triviño. (Buenos Aires: Acervo Cultural / Editores, 1975.) De Opificio Mundi: vol. 1

79. XXVI. Ésta es, al parecer, la primera causa por la que el hombre fue creado en último término. Pero debemos mencionar una segunda, que no carece de verosimilitud. El motivo por el que tuvo el hombre a su disposición todas las provisiones para la vida en el mismo instante de llegar por primera vez a la existencia fue instruir a las futuras generaciones, pues fue casi como si la naturaleza proclamase abiertamente y a gritos que, al igual que el fundador del género humano, éstas habrían de vivir sin trabajo ni preocupación en medio de la más pródiga abundancia de todas las cosas necesarias; cosa que hubiera ocurrido, si no se hubieran enseñoreado del alma las irracionales pasiones, alzando contra ella el muro de la glotonería y el libertinaje; si las apetencias de gloria, riqueza y poder no le hubieran arrebatado el control de su vida; si las penas no hubieran abatido y torcido su entendimiento; si el temor, funesto consejero, no hubiese echado por tierra sus impulsos hacia las virtuosas acciones; y si no la hubieran asaltado la insensatez, la cobardía, la injusticia y la incontable multitud de los restantes vicios.

80. Porque en la actualidad, cuando prevalecen todos los mencionados vicios y los hombres se hallan entregados a las pasiones y a los incontrolados y reprochables impulsos que no es lícito mencionar siquiera, les ha salido al encuentro el merecido castigo, sanción por sus impías costumbres. Y este castigo consiste en la dificultad para obtener las cosas necesarias. Y así, arando trabajosamente la tierra llana e irrigándola con las corrientes de fuentes y ríos, sembrando y plantando, y soportando día y noche a lo largo del año la fatiga de los trabajos de la tierra, se procuran las provisiones necesarias, aunque a veces de calidad ínfima y en cantidad no suficiente del todo. Daño que les sobreviene por muchas causas; o bien porque los torrentes de sucesivas lluvias arrasan los cultivos; o bien porque el peso del granizo se precipita en masa sobre ellos y los arrasan; o bien porque la nieve los hiela; o bien porque la violencia de los vientos los arranca de raíz, pues son muchas las maneras como el agua y el aire convierten la producción de frutos en esterilidad.

81. En cambio, si los desmedidos impulsos de las pasiones fueran apaciguados por la prudencia; y las tendencias a delinquir y las ambiciones lo fueran por la justicia; y, para decirlo en pocas palabras, si los vicios y sus infructuosas prácticas cedieran ante las virtudes y las virtuosas acciones; eliminada la guerra del interior del alma, que es verdaderamente la más terrible y penosa de las guerras; prevaleciendo la paz íntima, y brindando ella, con calmos y suaves modos, un bien reglado orden a las facultades de nuestro ser, habría esperanza de que Dios, como amante que es de la virtud, de la rectitud, y además del hombre, procurara a la especie humana los bienes sin necesidad de producirlos y al alcance de su mano; que, evidentemente, sería más fácil para Él aún proporcionar abundantemente, sin necesidad del trabajo agrícola, el producto de criaturas ya existentes, que el traer a la existencia aquellas que no existen. 1


Notas

1 Es decir si fue capaz de crear a partir de lo no existente,¿cómo no lo será, con más razón aún, de hacer que lo ya existente produzca sus frutos espontáneamente, sin necesidad de cultivo?