Sermão da Montanha (Mt V-VII)
Ha de comprender usted que este trabajo no se refiere realmente a la vida; se refiere a algo diferente que el hombre puede intentar prescindiendo de su posición actual, ya sea un político triunfante, un famoso científico, o un respetable carnicero o panadero o fabricante de candelas. Este trabajo empieza desde el hombre que ha desarrollado la personalidad y puede habérselas con la vida a su propia manera, en una forma bastante razonable. Es decir, empieza desde el nivel de un buen dueño de casa, lo cual pertenece a la segunda etapa del desarrollo del hombre. Esta tercera etapa se ocupa de todo lo tocante a un posible nuevo desarrollo de esencia y es por eso que tantas cosas aparentemente paradójicas o al menos extrañas se dicen en los Evangelios, tales como las que están contenidas en el Sermón de la Montana, acerca del hombre. Todas ellas se refieren a dejar que la esencia crezca a expensas de la personalidad y ésta es la única manera en que la esencia, que es demasiado débil por sí misma para crecer, puede seguir desarrollándose. En este sentido, la personalidad, que se forma en torno de la esencia, llega a ser eventualmente — si se penetra en esta tercera etapa — la fuente misma desde la cual la esencia puede crecer aún más. Supongamos que por un individuo la personalidad está ricamente desarrollada. Es, entonces, un hombre rico, en el sentido dado por los Evangelios. Conoce todo, es una persona importante. Pero lo que hay de pobre en él es su esencia. No es aún un hombre cabal. Lo que hace, lo hace para lograr mérito, o por temor a la pérdida de honor o reputación, pero no hace nada por sí mismo, nada por amor a lo que está haciendo, prescindiendo de los elogios, la autoridad, la posición, la popularidad o cualquier otro beneficio a los ojos del mundo. Supongamos que este hombre sienta, de alguna manera, como el Hijo Pródigo que no come otra cosa que cáscaras. Quiero decir sencillamente que se siente muy vacío a pesar de todas sus "riquezas". Tiene una hermosa casa, o joyas, un hombre muy conocido, de algún modo obtuvo lo mejor de todos los demás, y sin embargo se siente vacío. Tal hombre se está aproximando a la posible tercera etapa de desarrollo Ha llegado ahora a una posición en la cual su esencia, su parte verdadera, puede crecer, y así reemplazar el sentimiento de vacío por un sentimiento de significación. Pero con el fin de que se realice en el hombre este nuevo desarrollo debe empezar, por así decirlo, por sacrificar su personalidad y marchar en dirección opuesta a la que siguió hasta ahora. En otras palabras, debe tener lugar en él una especie de inversión, lo que está muy bien expresado en la Parábola del Hijo Pródigo, y a menos que comprenda que esta tercera etapa es posible y lleva al hombre a un verdadero desarrollo, nunca comprenderemos qué dicen los Evangelios o a qué se refiere este sistema. MAURICE NICOLL COMENTARIOS VOLUMEN I Birdlip Gloucestershire, 27 de marzo de 1941