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id da página: 2208 Maurice Nicoll O HOMEM NOVO Maurice Nicoll

Nicoll Dez Virgens

A Parábola das Dez Virgens

En muchas de las parábolas y de los dichos de Cristo se hace uso de un término que en la traducción aparece como prudente y que significa ser sabio. Por ejemplo, en una ocasión dice a sus discípulos: "Sed pues prudentes como serpientes y sencillos como palomas". Acá "sencillo" o inocente significa ser inofensivo, alguien que "no hace ningún daño", y no tiene este significado moral y sentimental de Occidente que quiere decir que uno no sabe nada: difícil cosa sería ser sabio y a la vez no saber nada. Pero la palabra traducida como "prudente" no significa exactamente cautela o sabiduría; significa más bien "inteligente" o inteligente en un sentido práctico. La expresión griega es phronimos, que en su sentido original quería decir estar en sus cabales, o tener presencia de ánimo, o estar despierto. En una cita. Cristo expresa: "Los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de la luz", y quizá sea éste el pasaje que más claramente destaque el significado de la palabra. En su propio nivel y a su modo, las personas mundanas son mucho más prácticas, más agudas, sagaces y sabias con relación a sus objetivos que los "hijos de la luz" con respecto a los suyos. Tienen más presencia de ánimo en los asuntos de la vida, y no hacen tonterías ni cometen locuras. Saben qué es lo que tienen que hacer y, efectivamente, lo realizan como es debido y lo hacen a su debido tiempo, y esto es ser phronimos. Conviene recordar que el mayordomo de la justicia (erróneamente traducido como mayordomo infiel) recibe el calificativo de "discreto", o sea phronimos, y su amo le alaba porque este hombre supo qué hacer en una situación difícil y obró con gran presencia de ánimo.

Esta palabra phronimos tiene, en consecuencia, un poderoso sentido, un sentido abarcante y práctico. En los Evangelios se le usa para definir la acción correcta de un hombre inteligente que busca modo de alcanzar un nivel superior en sí mismo mediante el proceso de la evolución interna. Cristo habla de los inútiles en este sentido. Los compara con la sal que ha perdido su sabor y ni siquiera sirve para el muladar. "Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará? Ni para la tierra ni para el muladar es buena; fuera la arrojan." (Luc. xiv, 34-35.) Traduciendo este concepto, lo "desvanecido" significa en realidad un "desatino". El muladar es la vida. Y "desatina" todo aquel que piensa que únicamente precisa alimentar una creencia sentimental en los Evangelios. Son como el hombre "insensato" que edificó su morada sobre la arena, en contraste con el hombre "prudente", descrito en el término phronimos, quien construyó la suya —o sea se construyó a sí mismo— sobre la pena, "y no cayó". Esto significa que el hombre era phronimos porque fundó su casa, o sea que se cimentó a sí mismo, en la enseñanza permanente de la evolución interior que en los Evangelios se llama el Verbo, y trabajó para construir la casa de sí mismo sobre estos cimientos. Este hombre hizo el Verbo. Actuó por él. Aplicó su comprensión a su propia vida. Así se apoyó en la peña de la Verdad más que sobre la arena movediza de la vida.

En este sentido, consideremos la parábola de las diez vírgenes, cinco de las cuales eran prudentes, phronimos, y cinco insensatas o necias. Esta parábola también trata acerca del logro de un nivel superior por medio de la evolución íntima que acá se llama el reino de los cielos.

"Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomando sus lámparas salieron a recibir al esposo. Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas. Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite. Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas. Y fardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la media noche fue oído un clamor: «He aquí, el esposo viene, salid a recibirle». Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y aderezaron sus lámparas. Y las fatuas dijeron a las prudentes: «Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan». Mas las prudentes respondieron diciendo:

«Porque no nos falta a nosotras y a vosotras, id antes a los que venden, y comprad para vosotras». Y mientras que ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Y después vinieron también las otras vírgenes diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Mas respondiendo él dijo: «De cierto os digo que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir»." (Mat. XXV, 1-13.)