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id da página: 8422 Longevidade

Longevidade

Corpo — LONGEVIDADE



René Guénon: QUATRO FORTUNAS

Pierre Gordon: A IMAGEM DO MUNDO NA ANTIGUIDADE

Uma informação de primeira ordem sobre a qual estavam de acordo as tradições antigas, é que as gerações longínquas conheceram uma longevidade extraordinária: a duração da vida humana oscilava entre novecentos anos e mil anos. O fato só oferece algo de verossímil quando se imaginam as disciplinas ascéticas no interior das Cavernas: o homem prolongava por muito tempo sua existência aqui porque era espírito e não Carne. Suas necessidades, reduzidas ao extremo, retardavam a usura orgânica; aqui nos unimos à noção de Idade de Ouro. É até mesmo provável que os personagens macróbios (= de vida longa) passavam a maior parte de sua carreira terrestre em estado de êxtase cataléptico, depois de ter suspendido totalmente sua respiração graças a métodos que se conservaram no Ioga do Tibete e da Índia. A lembrança destas práticas se encontra no embalsamento egípcio, que visava dar ao corpo dos falecidos o aspecto dos poderosos ascetas em posição de morte aparente e de vida transcendente. Também se descobre na concepção budista dos bodhisattvas, que, a fim de ajudar os homens, retardam seu acesso ao nirvana: estes personagens correspondem, com efeito, plenamente, em sua fonte, aos macróbios da primeira teocracia. Não é um acidente que o primeiro, e o maior, destes seres caridosos, AvalokiteÅ›vara, está em seu trono na terra pura do Ocidente, dito de outro modo, sobre a Ilha Sagrada primordial, e que ele seja, em suma, para o pensamento budista,, o sucessor do antigo Rei do Mundo. — Devemos enfim não esquecer que os representantes humanos de Kronos, ainda no princípio de nossa era, estavam adormecidos em uma ilha setentrional, vizinha da Grã-Bretanha, e se comportavam de uma maneira que lembrava em alguma medida aquela que acabamos de indicar: Plutarco, em um texto precioso que muitas vezes citamos, deles fala segundo uma testemunha ocular (De fac. lun. 26; Defect. orac. 18; ver também Eustathe, Peripl. Dion. 32; Plínio, Hist. Nat. IV, 94,104; e o escoliasta de Apolônio de Rodes, IV, 327). O renome desta distante ascese exerceu séria influência sobre a antiga Imagem do Mundo.

TRANSMUTAÇÃO E TRANSFORMAÇÃO

Otra cuestión que se relaciona también directamente con el hermetismo es la de la «longevidad», que ha sido considerada como uno de los caracteres de los verdaderos Rosa-Cruz, y de la que, por lo demás, bajo una forma o bajo otra, se habla en todas las tradiciones; esta «longevidad», cuya obtención se considera generalmente como constituyendo una de las metas de la alquimia y como implícita en la terminación misma de la «Gran Obra» 1 , tiene varias significaciones que es menester tener buen cuidado de distinguir entre sí, ya que se sitúan en realidad a niveles muy diferentes entre las posibilidades del ser. El sentido más inmediato, pero que, a decir verdad, está lejos de ser el más importante, es evidentemente el de una prolongación de la vida corporal; y, para comprender la posibilidad de ello, es bueno remitirse a la enseñanza según la cual la duración de la vida humana ha ido disminuyendo progresivamente en el curso de las diferentes fases del ciclo recorrido por la presente humanidad terrestre desde sus orígenes hasta la época actual 2 . Si se considera el proceso iniciático, en su parte referida a los «misterios menores», como haciendo en cierto modo remontar al hombre el curso de este ciclo, así como ya lo hemos indicado, para conducirle, gradualmente, desde el estado presente hasta el «estado primordial», por eso mismo debe hacerle adquirir, en cada etapa, todas las posibilidades del estado correspondiente, comprendida la posibilidad de una vida más larga que la del hombre ordinario actual. Que esta posibilidad sea realizada efectivamente o no, eso es otra cuestión; y de hecho, se dice que aquel que ha devenido verdaderamente capaz de prolongar así su vida, no hace nada generalmente al respecto, a menos que tenga para eso razones de un orden muy particular, porque la cosa ya no tiene realmente ningún interés para él (del mismo modo que las transmutaciones metálicas y otros efectos de este género para aquel que es capaz de realizarlos, lo que se refiere en suma al mismo orden de posibilidades); e incluso no puede encontrar más que ventajas en no dejarse demorar por eso en esas etapas que no son todavía más que preliminares y muy alejadas de la verdadera meta, ya que la puesta en obra de tales resultados secundarios y contingentes, a todos los grados, no puede nunca más que distraer al ser de lo esencial.

Por otra parte, y esto puede contribuir todavía a reducir a su justa importancia la posibilidad de que se trata, se dice también, en diversas tradiciones, que la duración de la vida corporal no puede rebasar en ningún caso un máximo de mil años; por lo demás, importa poco que este número deba tomarse al pie de la letra o que tenga más bien un valor simbólico, ya que lo que es menester retener de esto, es que está duración es en todo caso limitada, y que, por consiguiente, la búsqueda de una pretendida «inmortalidad corporal» no puede ser sino perfectamente ilusoria 3 . En el fondo, la razón de esta limitación es bastante fácilmente comprehensible: puesto que toda vida humana constituye en sí misma un ciclo análogo al de la humanidad tomada en su conjunto, el tiempo se «contrae» en cierto modo para cada ser a medida que agota las posibilidades del estado corporal 4 ; así pues, debe llegar necesariamente un momento en el que, por así decir, se reducirá a un punto, y entonces el ser ya no encontrará literalmente en este mundo ninguna duración en la que le sea posible vivir, de suerte que ya no habrá para él otra salida que pasar a otro estado, sometido a condiciones diferentes de las de la existencia corporal, incluso si ese estado no es todavía, en realidad, más que alguna de las modalidades extracorporales del dominio individual humano.


NOTAS:
1 La «piedra filosofal» es al mismo tiempo, bajo otros aspectos, el «elixir de la larga vida» y la «medicina universal».
3 Hemos conocido algunas escuelas supuestamente esotéricas que se proponían efectivamente como meta la obtención de la inmortalidad corporal; es menester decir que, en realidad, no se trataba más que de pseudoiniciación, e incluso complicada por elementos de un carácter más bien sospechoso.
4 Por lo demás, es de observación corriente que, a medida que el hombre avanza en edad, los años parecen correr para él cada vez más rápidamente, lo que equivale a decir que la duración que tienen para él realmente va disminuyendo cada vez más.