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id da página: 4148 Canção Própria

Canção Própria

Marius Schneider — Origem Musical dos Animais-Símbolos

Canção Própria

Todas estas pantomimas cantadas son la propiedad intangible de sus creadores. La expresión «canción propia» no significa una melodía determinada sobre la cual el compositor tendría una especie de derecho de autor. De todas nuestras investigaciones a este respecto, resultaba que la canción propia sólo es aquella parte estrictamente individual que se manifiesta en la manera de cantar una melodía, esto es, en un rasgo individual que nadie puede imitar. La melodía de la canción propia puede ser una tonada cualquiera ; pero esta melodía llega a ser una canción propia, cuando se la canta de una manera original e impregnada del ritmo del animal-tótem respectivo. Por extensión de esta idea se explica la costumbre de no cantar la melodía preferida de una persona mientras ésta aún vive. Por el contrario, el entonar la melodía de la canción propia después de la muerte de su autor es un deber respecto del muerto. Con toda probabilidad la canción propia era considerada en su origen como un ritmo estrictamente individual, corno el nombre secreto del individuo; por eso todo intento de imitar la canción propia de otra persona equivalía a un intento de sujeción de esta persona. La realización más completa de las imitaciones de animales en las canciones propias se efectúa en las conocidísimas danzas con máscaras de animales. Así disfrazados, bailando y cantando, estos hombres primitivos se entusiasman y se enardecen poco a poco, y de tal manera llegan a identificarse con sus animales-tótem que a veces constituyen un verdadero peligro para los otros participantes de la fiesta. Dicen que sólo en este momento logran ser ellos mismos y volverse leones, serpientes, etc. Dicen también que en estos momentos reciben de su animal-tótem algo de un saber místico que en otras horas «sólo se pu.ede entrever».

El animal-tótem representa para ¿el hombre primitivo un espíritu protector y un manantial de grandeza y de valentía. Se impone una actitud de reverencia generosa hacia el tótem, pues el animal sagrado, que quiere ser amado y temido a la vez, es una fuente de fuerza, un amparo poderoso y, en último lugar, una legitimación del individuo. Es una legitimación porque el individuo está en cierto modo sincronizado e identificado por su nombre y sus ritmos con el animal-tótem. Cuanto más la imitación concienzuda del animal se aproxima a la identificación mística, tanto más equivale esta imitación a una legitimación del individuo «totemizado». Resulta de esto que el animal-tótem nunca puede ser matado ni se permite comer su carne, juzga el negro tan fuerte la compenetración mutua del hombre y del animal-tótem, que la muerte de uno podría acarrear en seguida el fallecimiento del otro.