Ananda Coomaraswamy
Coomaraswamy Refeição Sacrificial
Que Dios está «enterrado» en nosotros subyace en el simbolismo védico de cavar por el tesoro oculto, y en el de la minería en Maitri Upanishad VI.29. Los poderes del alma (tes psyches dynameis, a los que Hermes llama daimones, Lib. XVI.14 y sig.) son «elementales» (bhutah), y su objeto son los «elementos» (bhutani) o «minerales» (dhatavah). Los bhutah, «seres», son igualmente elfos, espíritus, hadas o enanos, que pueden ser buenos o malos; no carece de fundamento que estos seres, los Sidhe por ejemplo, se consideren a menudo como viviendo en «montículos encantados» —o que, cuando se considera a estas «gentes pequenas» como enanos o gnomos, entonces viven en montanas. El cabeza y guía de estas Bergleute psíquicas, a quienes se considera como enanos, es, él mismo, el Enano inmanente, Vamadeva, Vamana, el «Enano entronizado en el medio a quien todos los dioses sirven» (madhye vamanam asinam visve deva upasate, Katha Upanishad V.3); los «dioses», de acuerdo con la inevitable explicación de Sankara, son los poderes del alma («la visión, el oído, etc.», es decir, los «soplos»), y traen tributo (balim upaharantah) a su cabeza, el «Otro» del verso 5, que, fuera de toda duda, es el «Soplo» mediano o central, como es explícito en Aitareya Áranyaka II.2.1. Así, los enanos y los gnomos de la tradición Europa, cavando por el tesoro en las montanas, son las imágenes y el rastro, proyectados en el folklore, de nuestros propios poderes elementales. En uno de nuestros más conocidos «Cuentos de hadas», la formulación es muy precisa: es la función natural de los «siete enanos» servir y proteger a Blancanieves que, ella misma, es Psique; Blancanieves es envenenada por el «fruto del árbol», y, que este es el árbol del bien y del mal, se desprende del hecho de que la manzana es en parte venenosa y en parte sana (el fruto del árbol es salutífero para aquellos que comen para vivir, pero mortal para aquellos que viven para comer; cf. Satapatha Brahmana II.4.2.1-6). Por ellos mismos los enanos pueden protegerla pero no pueden curarla; la cura la hace el héroe solar, un «Príncipe Encantador» (es decir, en el pleno sentido de la palabra, «que encanta»: el Héroe solar es el senor del encanto —bienaventurados son aquellos a quienes este mago encanta), y solo cuando la manzana mordida cae de sus labios ella despierta de su sueno mortal.