Carregando...
 
Skip to main content
id da página: 7491 MARIUS SCHNEIDER ORIGEM MUSICAL DOS ANIMAIS-SÍMBOLOS

Alma e Corpo

Cantam os animais

I. CULTURAS PRETOTEMÍSTICAS Y TOTEMÍSTICAS

Alma y cuerpo
Según decía un negro agni, llamado Qasi, «el medio más seguro, pero también más «peligroso», es arriesgarse a imitar la voz del espíritu del animal. Entonces éste se ve a sí mismo, especialmente su nariz, como si estuviera cerca del agua y no puede resistirse...» Después Qasi se explicó con más detalles: Esto ocurre, porque cada alma viva se compone de dos partes, una mortal, otra inmortal. El espíritu de un hombre vivo es una sombra que cambia de lugar y de tamaño según la posición del cuerpo en relación con la luz del sol. Este espíritu también puede ser una imagen que sale del agua cantando tristemente, cuando uno se sienta muy cerca de un río... «Hay que tener mucho cuidado porque con su cantar este espíritu, en el agua, atrae siempre a tu cuerpo hacia sí. Pero tampoco se puede prescindir del agua, porque sin ella no podríamos vivir. Es menester oír la voz del espíritu del agua, de vez en cuando, para que no se enfade, pues de lo contrario, su retumbo nos torturaría de día y de noche. Pero quien lo oye demasiado se vuelve triste y se muere.» En el curso de estas y otras conversaciones, cuyos detalles no podemos reproducir aquí por falta de nuestros manuscritos, se esbozó la representación siguiente: Hay que distinguir en el hombre dos o tres partes, un cuerpo mortal y un alma que encierra una parte mortal y una parte inmortal1 . En cuanto es visible en este mundo, el alma humana se presenta a la luz del sol como una sombra y se percibe en el agua como la imagen sonora del cuerpo. Esta alma vive a veces en una relación muy tensa con el cuerpo del cual parece emanar durante la vida terrestre. El agua y el sol (la imagen sonora y la sombra) son indispensables para vivir, pero ambos en su forma extrema conducen también a la muerte, merced a la fuerza de atracción que ejercen estos elementos sobre los hombres. Por ser indispensables, agua y sol atraen al ser humano y, según la misma ley, lo alimentan y lo matan. Por eso la imagen sonora en el agua, que es una auto-visión difusa del alma, «canta siempre una melodía del otro mundo». Cuanto más se oyen los acentos tristes de esta melodía y la imagen del alma se precisa más en el espejo del agua, tanto más aumenta la fuerza atractiva de esta imagen en el agua.

Los dos factores en los cuales se manifiesta el alma (la melodía en el agua y la imagen-sombra proyectada sobre el suelo) son valores coordinados, pero con términos casi opuestos. La melodía del agua es el análogo acústico de la forma visual (sombra) del alma proyectada sobre la tierra. Pero estos dos planos — melodía y sombra — tienen una cualidad interior diferente. La melodía no sólo es un plano paralelo a la sombra, sino un plano superior y, además, la vida misma de la sombra. La melodía del agua refleja la parte inmortal, la sombra la parte mortal del alma (fig. 1). Podría suceder también que la melodía y la sombra se relacionasen como tesis y antítesis y que los elementos — agua y sombra — en los cuales se manifiesta el alma, correspondieran a la luna y al sol.

Aumenta la fuerza y la intensidad de la melodía a medida que la sombra se hace más delgada. Cuanto más vibra esta melodía, tanto más el cuerpo y la parte mortal del alma (la sombra) llegan a ser solamente reflejos de la melodía de la parte inmortal del alma. Esto se nota ya «en la sombra más delgada que proyecta el cuerpo de un anciano». En consecuencia, la melodía interior del ser humano, a saber, la parte inmortal, que en la floración de la vida sólo se percibe como un débil retumbo (mientras que la sombra es muy fuerte) en las horas místicas del hombre llega a ser el principio dominante. En resumen, la parte inmortal del alma es la forma sonora y el ritmo esencial e imperecedero del hombre. En esta vida la parte mortal del alma es la sombra y, por decirlo así, el «doble» del cuerpo. Por eso, durante la vida terrestre se puede percibir tanto el alma como el cuerpo, mientras que a los muertos, al principio, se puede advertir por la sombra y, más tarde, solamente en el plano acústico que es el plano «más fino».

Al principio, el muerto se separa difícilmente de su cuerpo, porque su sombra «que se extingue solamente poco a poco» sigue atándolo a la vida. Por esto es menester cantar y tamborilear en honor del muerto «para facilitarle» el paso al mundo acústico puro. También se recomienda presentarle a menudo «un cuerpo humano, especialmente el del mago-médico, y cantarle sus canciones propias o preferidas, mientras siga siendo una sombra, para que pueda ejecutar sus bailes macabros», hasta que haya pasado a ser un espíritu puro.


NOTAS:
1 Sobre el principio doble del alma véase también B. Ankermann, Totenkult u. Seelenglaube bei afrikan. Voelkern. Zeitschr. f. Etnologie 1918, Vol. 50, pág. 89 y siguientes.