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id da página: 9720 abominationem desolationis

abominationem desolationis

¿Y no predominan muchas de estas ideas en la Iglesia de hoy? ¿Qué otra cosa es el “encuentro con Cristo” sino un intento para confinar la religión a nuestros sentimientos internos? ¿Y qué son otras muchas interpretaciones hechas de la Escritura, o la abierta aceptación de las enseñanzas de nuestros “hermanos separados”? Pero aún hay otras declaraciones de la Biblia que son pertinentes. Así S. Pablo nos dice que el Anticristo “se sentará en el Templo de Dios”. Mientras que los primeros Padres interpretaron esto como la Sinagoga, y algunos escritores espirituales como S. Juan de la Cruz lo enseñan refiriéndose al alma individual, no hay nada que excluya la posibilidad de que pueda referirse a una parte (en tiempo o lugar) de la Iglesia Romana. Más lejos Daniel nos dice: “En su lugar venerará al ‘dios de las fortalezas’; venerará con oro y plata, piedras preciosas y joyas, a un dios a quien sus padres no conocieron....” (11, 38s). Ahora bien, como el Cardenal Newman dice: “lo que se quiere decir con las palabras traducidas como ‘dios de las fuerzas’, y luego llamado ‘un dios extraño’, nos está bastante oculto, y probablemente seguirá así; pero de cualquier forma se predice ciertamente un falso culto como la marca del Anticristo”. El Cardenal Newman también señala que el Anticristo estará en contra de los ídolos tal como nosotros entendemos el término, y que los ídolos a que se refiere son los considerados por la Revolución Francesa —¡los ídolos de la “LIBERTAD, la IGUALDAD y la FRATERNIDAD”! Tal vez sea elegido el ídolo de la “evolución dinámica” o del “progreso”. Después de todo el Diablo es sobre todo un “seductor”, y así el Cardenal Newman nos advierte:

¿Creéis que él (Satán) es tan poco habilidoso en su arte como para pediros abierta y llanamente que os unáis a él en su lucha contra la Verdad? No, él os ofrece alicientes para atraparos. El os promete la libertad civil; os promete igualdad, os promete negocios y riquezas.., él os promete reformas.

Y este enemigo, como dice el Cardenal Newman, “se caracteriza por algún pecado muy especial: la total infidelidad”. Otra característica del espíritu del Anticristo es que él tanto habla como no habla en Nombre de Cristo. Permitidme explicar esta paradoja. Cristo nos dijo: “Yo he venido en Nombre de mi Padre y vosotros no me recibís; si otro viniera usurpando mi Nombre, le recibiríais” (Juan 5,43). Es decir que él enseñará sus propias doctrinas, y no las doctrinas de Cristo, sus opiniones personales y no la verdad de Todos los Tiempos. Con todo, aquéllos que hablen con este “extraño espíritu”, “teniendo una apariencia de piedad, pero negando su poder” (2 Tm 3, 5), y “prometiendo libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción” (2 Pe 2, 19), darán la impresión de que están hablando en Nombre de Cristo: “Muchos me dirán en aquél día (el del Juicio): ‘¡Señor, Señor! ¿no profetizamos en tu Nombre, y en Nombre tuyo arrojamos los demonios, y en tu Nombre hicimos muchos milagros?’ Yo entonces les diré: ‘Nunca os conocí; apartaos de Mí, obradores de iniquidad.” (Mt 7, 22-23). Sí, Dios se quejará otra vez, tal como hizo en Jeremías (12, 10-11): “Mis pastores han destruido mi Viña, hollaron mi heredad, trocaron mi mejor campo en un yermo desolado. La convirtieron en desolación lamentable, en incultivable.” ¿Y por qué ocurrirán todas estas cosas de tal forma? Porque, como S. Pablo dijo después de describir al Anticristo, “la venida del inicuo irá acompañada... y de seducciones de iniquidad para los destinados a la perdición por no haber recibido el amor de la verdad que los salvaría. Por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira y sean condenados cuantos, no creyendo en la verdad, se complacen en la iniquidad” (2 Ts 2, 9-12).

Y así nosotros podemos ver en estos días, si nuestro argumento es correcto, que el “sacrificio perpetuo” es muy raramente realizado. Y ¿qué es la “autodestrucción de la Iglesia” sino la “destrucción de la Viña? “Oh Dios, ellos han profanado tu sagrado Templo” (Sal 79, 1) con “bailes litúrgicos” y “servicios con proyecciones”. “Mirad nuestro Santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto, miradlo profanado por los gentiles” (1 M 2, 8-12) bajo forma de herejes y “hermanos separados” predicando desde nuestros púlpitos. “Mirad cómo nuestro Santuario y nuestra Gloria están asolados” (ibid.) porque nuestros tabernáculos han sido removidos de nuestros altares. “Y los santuarios serán devastados” (Am 7, 9) y “Mi pueblo Me ha rechazado” (Jr 2, 13) porque las Iglesias están desiertas.