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Coomaraswamy Peregrino

Es a un verdadero «progreso de peregrino» a lo que Indra empuja al establecido «Rufo». Y teniendo presente que las peregrinaciones terrestres son sólo visitaciones miméticas de «centros» análogos ( «Todos los caminos llevan a Roma», o similarmente, a Jerusalén, o a Benarés o a cualquier lugar que represente para nosotros el «ombligo de la tierra» ), puede entenderse perfectamente que nuestros versos devinieran un canto del camino, y que fueran cantados como tales por los antiguos peregrinos indios, de la misma manera que en Europa, en su camino hacia Compostela, los peregrinos cantan su Congaudeant Catholici. En la intención, al menos, nuestros versos tienen algo en común con el «Adelante Soldados Cristianos». No puede haber ninguna duda de que los peregrinos indios tenían sus cantos de marcha; y ciertamente, en el día presente, nosotros hemos escuchado a bandadas de peregrinos cantando en su camino hacia el Pico de Adán en Ceilán, y en Badrinath en los Himâlayas. Nos parece estar escuchando nuestros versos cantados por el guía de una bandada, y la poderosa respuesta del coro, Carâiva, carâiva, «Adelante, siempre adelante». Sin embargo, aunque esto sea así, es incuestionable que nuestros versos son una llamada conmovedora al Omnihombre para que tome su lecho y ande, y para que siga adelante hasta que alcance el «fin del camino» ( adhvanah param, Katha Upanisad III.9 ). Nuestro pensamiento, algo humorístico, «Es una gran vida si tú no flaqueas», se aplica aquí a la persecución del fin último del hombre; fin por el que nosotros entendemos todo lo que implica un escape de las garras de la Muerte, la infección de cuyo poder se extiende sobre todas las cosas bajo el Sol, pero no más allá de las puertas de oro, los portales solares del mundo ( sâuram dvaram, lokadvaram, Maitri Upanisad VI.30 y Chandogya Upanisad VIII.6.5, etc. ).

En el texto en prosa que separa unos de otros los versos de Aitareya Brahmana VII.15, se afirma llanamente que Rufo aceptó el consejo de Indra, y que anduvo errante en el «bosque» por un período de seis años; de hecho, devino lo que en otras partes se llama un parivraijaka, o un «caminante pobre», y, como lo sugiere la palabra sramena, un sramana o «afanado»; la totalidad del contexto implica claramente, no la vida de un vanaprastha, o anacoreta que vive en el bosque, ocupando una cabaña, sino la de un sannyasin, u «hombre pobre» errante, de quien generalmente puede asumirse que ha recibido las últimas iniciaciones y que se han celebrado sus ritos funerarios, de manera que ha devenido lo que Rumi llama ( Mathnawi VI.723 sig. ) un «hombre muerto que camina», uno que ha «muerto antes de morir», o como lo expresa Katha Upanisad VI.4, uno que «ha sido capaz de despertar antes de la disolución del cuerpo» ( asakad boddhum prâk sarirasya visransah ); apenas necesitamos agregar que en la India se ha dado por hecho que haber muerto así a todo propium, a todo sentido de «yo y mío», es virtualmente sinónimo de una liberación de la mortalidad y de todos los demás «males». Sin embargo, sí podemos agregar que el estado de errantes sin hogar es análogo al del «Pájaro Rojo que no tiene nido» ( Rig Veda Samhita X.55.6 ), y al del Hijo del Hombre que no tiene «donde reposar su cabeza», pues como lo explica el Pañcavimsa Brahmana XI.15.1, «el “nido” es ganado, el nido es hijos, el nido es “hogar”»; y la asimilación es tanto más significativa porque el nombre «Rufo» es uno de los nombres del Sol, y porque nuestro Rufo es de linaje solar; el hecho de que el Indra solar haya sido su gurú está perfectamente dentro del orden. Tomando en consideración todas estas cosas, en relación con la designación de Indra como el «Camarada» del viajero, es imposible no acordarse de la institución del Compañerazgo que floreció en Europa en la Edad Media, e incluso mucho más tarde, y para la cual puede reclamarse una antigüedad inmemorial. Nosotros no podemos llevar más lejos estas indicaciones aquí, y remitimos al lector al número especial de Le Voile d’Isis que trata «Le Compagnonage», número aparecido en abril de 1934. En relación con el bastón del peregrino, sólo citaremos la observación de que «Por consiguiente, tenemos aquí una equivalencia exacta del caduceo hermético al brahma-danda o bastón brahmánico» ( ídem, p. 151 ), agregando que el «bastón de tres zancadas ( de Visnu )» se ha reconocido como un aspecto del Eje del Universo ( sánscrito skambha, aksa, griego stauros ). Así pues, hay una metafísica del viaje, de la misma manera que, como observaremos ahora, hay una metafísica de los juegos. Según esto, apenas es necesario señalar que con el declive del peregrinaje, también se ha perdido el arte del viaje.