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id da página: 2326 Maurice Nicoll COMENTARIOS PSICOLÓGICOS SOBRE LAS ENSEÑANZAS DE GURDJIEFF Y OUSPENSKY Maurice Nicoll

Nicoll Fariseu e Publicano

O Fariseu e o Publicano (Luc XVIII, 9-14)

PERSONALIDAD Y ESENCIA O EL HOMBRE EXTERIOR Y EL HOMBRE INTERIOR o (en mi propio caso) NICOLL Y "YO"

Cuando se actúa según la enseñanza-Trabajo — como, por ejemplo, no se calumnia cuando se podría hacerlo — entonces no se actúa según el principio-placer. Si tan sólo se hace lo que produce placer, no se trabaja sobre sí. Entonces surge una cuestión — ¿qué es lo que produce a una persona un placer esencial y qué formas de placer son debidas a la Falsa Personalidad? Todos ustedes ya están enterados que el hombre actúa siempre con el deseo de producir una buena impresión, de acrecentar su reputación, de ser bien visto, sólo actúa desde su lado exterior — esto es, su lado falso, vuelto hacia el mundo — . Carece por completo de buena voluntad interior. Nada hace desde su lado interior. Por eso está actuando su "bondad". Cristo atacaba sobre todo a los fariseos — esto es, usted y mí — no a la gente que vivía hace 2000 años. Como se ha dicho a menudo, el fariseo en nosotros es la Falsa Personalidad que hace todo por amor a las formas más sutiles de vanagloria — hasta el extremo de pasarse el día ayunando y rezando, como los hipócritas mencionados en los Evangelios que "aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles". (La palabra "hipócrita" deriva de la palabra griega hypocrites que quiere decir el que actúa en la escena.) Sí, esta es la tragedia de tantas gentes que se creen devotas. No son así interiormente, en el hombre interior, en la mujer interior. Si se eliminaran todas las restricciones sociales no ayunarían ni orarían. Esto es, todo lo que hacen es impuro. Está bien ilustrado en la parábola de las gentes que oraban. Esta parábola fue dicha "a unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los otros".

"Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho. diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador."
(Lucas, XVIII, 10-13.)